El pósito de granos de San Martín y una curiosidad.

En el Ayuntamiento de San Martín de Pusa, aun se conservan algunos documentos de la época de la II República, unos de ellos tienen relación con un pósito de trigo que fundó el marqués de Malpica en 1864 para “socorrer a los labradores pobres de los pueblos que integraban su estado de Valdepusa”.

El pósito tenía la función de suministrar simiente para la sembradura a cambio de su devolución con unos intereses, generalmente en especie. En dicho documento se dice que el patronazgo y la administración de ese pósito, según sus clausulas fundacionales, correspondían al marqués de Malpica y sus sucesores “ad perpetuam”.

Posiblemente por el hartazgo de los labradores de cómo y para qué utilizaba el marqués el pósito, por la sospecha del funcionamiento irregular del mismo y porque no cumplía con los fines para los que fue creado, en 1929 se presentaron cuatro denuncias ante el ministerio de la Gobernación: una anónima; otra de Miguel Sánchez-Rubio; otra del alcalde y los concejales del ayuntamiento de San Martín de Pusa y la de Regino Sánchez-Cabezudo, quien además pide “se le pongan de manifiesto los documentos de la fundación para poder ejercitar las acciones que creyera del caso”. El malpiqueño Regino Sánchez-Cabezudo seguramente se unió a esta denuncia colectiva, más por indagar en la documentación que pudiera obtener del marqués por una cruzada que mantenía contra él, que por lo del pósito en sí.

Los denunciantes pedían que se convocara una junta de administración del pósito, a lo que el marqués recurrió y con fecha 11 de octubre de 1932 se dice que no cabe dicha junta de administración al ser un pósito de carácter privado y que se ha de regir por “las reglas generales de las fundaciones de beneficencia particulares”. El escrito fue firmado por el Intendente de Pósitos.

Unos meses más tarde, el 28 de marzo de 1933, la Dirección de la Reforma Agraria manda escrito al “ex marqués de Malpica”, los títulos nobiliarios habían sido revocados por la república, Joaquín Fernández de Córdoba y Osma, comunicándole que la Inspección tiene responsabilidad de protectorado sobre el pósito y dice:

“… el pósito de San Martín rinda a esta Dirección, cuenta detallada de las operaciones que realice, fin de poder observarse y se corregidas oportunamente deficiencias, si las hubiese, en beneficio de los labradores pobres de la localidad”.

Finaliza el escrito con el acatamiento a la Orden Ministerial de 30 de septiembre de 1932, según lo expresado en la imagen siguiente:

Posiblemente esto fuera lo que hizo desaparecer el pósito de San Martín. Del mismo nos quedó una calle, la calle del Pósito y una curiosidad descubierta en la firma del documento que paso a comentar.

Cuando vi los dos documentos me llamó la atención la firma de un tal R. Cavestany y rápidamente pensé en el antiguo propietario de la finca Madrigal y ministro franquista. Indagué en su biografía y, efectivamente, por aquellos años de 1932 y 1933, Rafael Cavestany era un joven ingeniero agrícola de 30 años, que una vez acabada la carrera se hizo empresario en Guinea y de vuelta a la península acabó de Jefe Intendente de Pósitos del Ministerio de Agricultura.

Tras pasar por diferentes puestos dentro del ministerio y con la Guerra Civil por medio, al finalizar ésta es nombrado inspector general de Trabajo, colaborando en la construcción del sindicalismo falangista.

Desde 1940 hasta 1945 ocupa la jefatura del Sindicato Nacional de Frutos y Productos Hortícolas y es nombrado procurador en Cortes y en 1951 es nombrado Ministro de Agricultura en el quinto gobierno de Franco, cargo que ostentó hasta 1957, falleciendo meses más tarde. Es importante resaltar la labor modernizadora que llevó a cabo en la agricultura española en los seis años que estuvo al cargo del ministerio. Algunos de los proyectos más importantes que realizó fueron: la creación de los créditos agrícolas; el Plan Badajoz; los regadíos del bajo Aragón; introdujo el cultivo del tabaco; fundó el Servicio de Extensión Agraria; el Servicio Nacional de Concentración Parcelaria; los planes de reforestación; las primeras escuelas de capacitación agraria; el plan de fincas manifiestamente mejorables, etc. Por ello se le considera el primer ministro tecnócrata de Franco, unos años antes de que desembarcara el Opus Dei con sus ministros en los gobiernos franquistas.

Rafael Cavestany y de Anduaga y su familia, tras su muerte, siguieron mantenido relación con San Martín y Malpica por su finca Madrigal y la proximidad a estos pueblos y a las personas de los mismos que allí trabajaron. En los aniversarios de su muerte, la familia encargaban misas en sus parroquias. Desconocemos si Rafael Cavestany en su finca de Madrigal y rodeado de trabajadores de los pueblos colindantes, muchos de ellos sanmartileños, se acordaría años después de esos escritos que hizo como funcionario de la República en contra de los intereses del marqués de Malpica y en defensa de los “labradores pobres” de San Martín. Quien sabe, pero es que la vida da tantas vueltas…

FUENTES:

.- Archivo Ayuntamiento San Martín de Pusa.

.- Real Academia de la Historia. D. Rafael Cavestany de Anduaga.

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