Proceso por «ramonear» encinas en Valdepusa. Año de 1571

Los guardas de la dehesa de Valdepusa entre sus funciones estaban hacer que se cumplieran las ordenanzas que se dieron para protección de la misma y la defensa de los intereses del señor feudal. Esto ocasionó enfrentamientos, disputas y denuncias de los guardas contra los vecinos de los pueblos a los que luego imponía justicia el Alcalde Mayor.

En la siguiente historia podemos conocer cómo se llevaban a efecto esas denuncias, y ver cómo existían garantías de defensa hacia los encausados con la presentación de testigos.

Por otra parte en los pueblos de Valdepusa se ha venido utilizando la palabra “ramón”, muy unida a la olivicultura como las ramas que se cortan en la poda de los olivos. En este documento descubrimos, como curiosidad, que en el siglo XVI nuestros antepasados en Valdepusa utilizaban el verbo “ramonear” como aquella acción de cortar las ramas de las encinas para alimento del ganado vacuno, en aquella época era el principal en Valdepusa.

La denuncia.

3 de marzo de 1571 se presentaron ante el Alcalde Mayor don Miguel González de Belorado los guardas de la dehesa de Valdepusa Juan Sánchez y Francisco González, y presentaron denuncia contra Diego Muñoz, vecino de Santa Ana de la Bienvenida, porque en el mes de febrero cortaron encinas y ramas en dicha Dehesa. A tal efecto presentan ante la justicia los siguientes testigos:

5 de marzo de 1571. Declaración de Alonso Moreno, vecino de El Campillo y estante (presente) en Valdepusa, quien dijo que Diego Muñoz, otro mozo que cree se llama Andrés y otro mozo del que ignora su nombre, cortaron en la dehesa de Valdepusa “a vuelta de la cabeza más alta (cerro), al postaero, hay como catorce o quince encinas; las seis o siete muy bajas, que al parecer de este testigo están mancas porque las alcanzara el ganado; y las demás ramonedas y cortadas más altas. Y de ellas se cortaron muchas ramas” y que él les dijo que no las cortasen tan bajas. Y que esto sucedió en febrero, que fue cuando se soltaron los ramoneaderos.

“Cuando se soltaron los ramoneaderos” significa que es cuando se iniciaba el periodo permitido de cortar las ramas de las encinas para alimento del ganado.

Poda de encina con el «ramón».

9 de marzo de 1571. Declaración de Miguel Camarón, también vecino del Campillo (lugar que es del Duque de Maqueda) y dijo “que estando en la dehesa de Valdepusa, cerca de Las Cabezas, por bajo del camino hacia el Cerro Tomilloso ramoneando sus vacas llegaron dos mozos” que no conoce y le preguntaron si quería ayuda para ramonear, a lo que les contestó “que él se cortaría el ramón que fuese menester”. Entonces ellos comenzaron a cortar la encina en la que él estaba subido cortando y como la cortaron por la mitad se tuvo que bajar y allí les dejó y se fue a buscar sus vacas y cuando les preguntó “a quién habían de echar aquel daño dijo el uno de los mozos: a los vaqueros lo echarán” a lo que él respondió “que los vaqueros lo echarían a los que lo cortaban”. Asegura que cuando él se fue los dos mozos habían cortado seis encinas y cuando volvió había otros dos hombres más con ellos que estaban cargando dos carros con la leña que habían cortado. Y que su compañero le dijo que dos de ellos eran Diego Muñoz y su hijo. Y que el primero le dijo “que si alguien los cogía que él diría que lo habían hecho los ramoneadores”. Y que cortaron cuatro carretadas.

En esta declaración el testigo nos sitúa la acción en el quinto de Cabezas, ente San Martín y Santa Ana entre los quintos de Valdefuentes y la Querencia Baja, el cual cogió ese nombre de los pequeños cerretes que tiene a modo de «cabezas«.

Quinto de Cabezas, donde ocurrieron los hechos.

Me parece importante resaltar el origen de los vaqueros, al parecer eran de El Campillo, un pequeño señorío al lado de El Escorial, que en esos momentos estaba en construcción y que pertenecía al ducado de Maqueda ostentado en por aquel entonces por Bernardino de Cárdenas y Portugal, virrey de Sicilia y Cataluña y su esposa Teresa Enríquez la señora de Torrijos. Un par de décadas depués Felipe III compró El Campillo a los duques de Maqueda para que formara parte de los terrenos de dehesa de El Escorial.

Lo más probable es que los vaqueros fueran trashumantes y pasaran el invierno arrendando los pastos de Valdepusa, por tener mejor clima que la sierra de Guadarrama.

El proceso.

A la vista de las declaraciones de los testigos, el 26 de abril fue encarcelado Diego Muñoz, quien en su declaración ante el Alcalde Mayor dijo:

Que estando en la dehesa de Valdepusa vio cómo estaban ramoneando unos vaqueros sus vacas en el tercio de la Cabezas y cómo un criado de Juan García llamado Andrés González cargaba un carro de leña, pero que él no cortó ninguna encina, solo ramoneó una conforme a las ordenanzas, y lo hizo por mandado de uno de los vaqueros que estaba allí. Y que también estaba allí Juan, criado de Pedro García, pero que no sabe cuánto cortaron porque él sólo los “vio cortar las encinas por lo alto y ramas para cargar un carro entre ambos”. Y se quedó con Andrés González haciendo leña para el segundo camino “porque al primero no estuvo presente

El “segundo camino” quiere decir el segundo viaje de leña que hicieron al pueblo.

Ante las imputaciones de Diego Muñoz en su declaración a otras personas, el Alcalde Mayor dio orden de encarcelar a ambos criados y tomarles declaración:

28 de abril de 1571. Se tomó declaración a Juan Gómez, criado de Pedro García y vecino de Santa Ana, quien dijo que él y el hijo de Diego Muñoz fueron a la Dehesa a hacer leña para cargar dos carros, “el uno llevaba Diego Muñoz el viejo y el otro Andrés González, criado de Juan García” y se encontraron con dos vaqueros, a quienes no conoce, que les dijeron que cortasen “en las encinas que estaban allí y que se llevasen el ramón que cortasen después que lo hubiese comido el ganado vacuno que ellos guardaban”. Y que él cortó ramas en tres encinas como lo hacían los vaqueros, y lo mismo hizo Diego Muñoz. Que no es verdad que cortara por la mitad ninguna encina en la que hubiera un vaquero que tuviera que bajar de ella para no caer. Que tampoco es cierto que los vaqueros les dijeran que no cortasen las encinas. Ni tampoco que dijeran que si los cogían echarían la culpa a los vaqueros. Y que no es verdad que dejaran siete u ocho encinas “mancas cortadas muy bajas”

También declaró Andrés González, de 20 años, quien dijo que Diego Muñoz y él fueron a la dehesa de Valdepusa, Diego con un carro suyo y él con uno de su amo, Juan García y “llegaron al Tercio de las Cabezas, hacia la Cabeza Mayor, y hallaron allí al hijo de Diego Muñoz y a Juan Gómez, criado de Pedro García y vecinos de Santa Ana, que tenían allí hechas unas carretadas de leña” para que ellos las llevasen, y que alrededor había dos encinas mal cortadas y otras muchas podadas. Y que no sabe si la leña era ramonederos o si la habían cortado de las encinas, sólo que cargaron los carros y los llevaron a Santa Ana.

30 de abril de 1571. Declaró Diego de 20 años, hijo de Diego Muñoz, y dijo que Juan, criado de Pedro García y él fueron a la dehesa a buscar leña, y llegando a Las Cabezas preguntaron a unos vaqueros si había por allí algunos ramoneaderos y éstos contestaron que no les había hasta el río y les pidieron que les ayudasen a ramonear para su ganado y que después se llevaran la leña. Y creía que Juan cortó dos o tres encinas ramoneadas y él escamondó la que los vaqueros tenían cortada, nada más.

Que él no vio a su padre cortar nada, sino que de la leña que Juan y él tenían hecha cargaron su padre y Andrés González un carro, cada uno el suyo. Y que él llevó dos caminos en el carro y su padre otros dos.

Y que su padre y él llevaron tres carretas de las sobredichas de las villanadas de Querencia, de los ramoneaderos, y otra de los casos de Querencia, hacia una cosa de las escamondaduras de los ramoneaderos.

«Villanadas» quiere decir que pertenecían a la villa, en este caso a San Martín de Valdepusa.

Todas las declaraciones pasaron ante el escribano Pedro Vélez y visto el proceso el Alcalde Mayor encontró culpables a los acusados y les dio traslado para hacer sus descargos en tres días.

Aquí nos encontramos con otras curiosidades del proceso y de cómo se ejercía la justicia en esa época.

Primeramente el Alcalde Mayor, Miguel de Belorado da tres día para presentar sus descargos, es decir sus defensas y que se han se nombrar curadores (representantes) para el hijo de Pedro Muñoz y Juan Gómez por ser menores.

Y en segundo lugar mandó dar “en fiado” a Andrés González, es decir nombró un fiador para que salieran de la cárcel, delante de los testigos Juan de Cáliz y Alonso Sánchez, vecinos de Valdepusa.

Ese día Francisco González, vecino de Santa Ana, recibió “en fiado” a Andrés González, su hijo, con la condición de que siempre que lo ordenare el alcalde mayor u otro juez competente debía devolverlo a la cárcel, so pena de pagar lo que fuese sentenciado en la causa. Fueron testigos Hernando de Espinosa y Bartolomé Sánchez, vecinos de la villa.

Tras recibir notificación del auto por parte de Pedro Vélez, escribano de la causa, Diego Muñoz dijo que actuaría en nombre de su hijo. Y Juan Gómez nombró como su curador ad litem ( a efectos de juicio) a Bartolomé Sánchez, médico, vecino de la villa, ante los testigos Licenciado Espinosa y Diego Muñoz.

Ambos curadores aseguraron haber dicho la verdad y no querer alegar nada, y renunciaron al traslado.

Bartolomé del Cerro, vecino de la villa, en nombre de Francisco González y Juan Sánchez, guardas, pidió que condenaran a los culpables.

El alcalde, ante Alonso Pérez y Francisco de Yagüe, vecinos de la villa como testigos, ordenó nombrar fiador para Diego Muñoz, su hijo y Juan Gómez, vecinos de Santa Ana, quienes el 30 de abril fueron entregados a Francisco de Espinoso como fiador.

La sentencia.

Después el Alcalde Mayor pidió al escribano Pedro Vélez que le entregara el proceso para enviarlo a sentenciar y que sacara un traslado de los capítulos de las ordenanzas que tratan sobre el cortar las encinas y sus ramas, y que están firmadas por don Francisco de Ribera, por el doctor Belenga, su Alcalde Mayor y por Pedro Maldonado escribano, publicadas el 24 de septiembre de 1543, y en las que se recoge:

. Que nadie, ni vasallos ni forasteros, sean osados de cortar de las dehesas de don Francisco “pies de fresno, ni de álamo ni encina so pena de mil maravedís por cada pie” y pérdida de las herramientas y bestias utilizadas.

. Que nadie pueda cortar “rama ninguna de encina ni de álamo so pena de sesenta maravedís por cada rama que cortare, e si la dicha rama fuere de codo y gorda de una sesma de vara* incurra en pena de 300 maravedís”.

(*) Sesma de Vara: medida de longitud que equivale a un medio pie de vara, es decir a 13,9 cms.

Capítulos de las Ordenanzas de Valdepusa de 1547.

28 de agosto de 1571 en Valdepusa, Miguel de Belorado, justicia mayor de la villa, dictó sentencia siendo testigos el licenciado Torres, Alonso del Pozo y Alonso Martín, vecinos de la villa, en las que condenó a los acusados en las penas contenidas en las ordenanzas por haber cortado ramas de encinas de la Dehesa de Valdepusa.

Al día siguiente. Dionisio Escobar, vecino de la villa y en nombre de Diego Muñoz, pidió al Justicia Mayor que declarara en qué cantidad de maravedís se condenaba a Diego Muñoz y a su hijo por ver si convenía apelación, a lo que el Justicia Mayor dijo que lo declararía “en su tiempo y lugar”.

Por este proceso hemos podido entender como se ejercía la justicia en la villa de San Martín de Valdepusa y su lugar de Santa Ana en pleno siglo XVI. Una justicia con plena autonomía en su territorio y, al menos en este caso, bastante garantista.

Terminología curiosa en este artículo: posteaero, ramoneda, ramoneaderos, ramón, ramoneando, ramoneredos, carretadas, escamondó, villanada, en fiado, sesma de vara.

Topónimos más interesantes: Valdepusa, Santa Ana, El Campillo, Las Cabezas, Cerro Tomilloso, Quinto de Cabezas, Querencia Baja, Valdefuentes.

FUENTES:

.- Protocolos de San Martín de Valdepusa. Escribano Pedro Vélez. 1571

Deja un comentario

logo tierra de Valdepusa

La historia nos hace conocer el cómo y por qué somos así y la influencia que los acontecimientos tienen en las futuras generaciones de los pueblos.

Contacto