Prudencio Leblic, el arcipreste de La Mancha.

Esta es la historia de un sanmartileño, un cura de pueblo le tocó convivir con la situación de pobreza y falta de recursos de la clase obrera en el primer tercio del siglo XX. Desde su posición de sacerdote intentó promover medidas sociales para revertir esa situación, algunas tan innovadoras como una reforma agraria.

Sus orígenes.

Prudencio Leblic Acevedo, nació en San Martín de Pusa el 28 de abril de 1876, su padre Antonio Leblic era médico y organista, natural de Los Navalmorales y su madre Petronila Acevedo era de San Martín de Pusa. Prudencio era el tercero de diez hermanos, todos nacidos en San Martín de Pusa.

Vivió en San Martín hasta los 15 años, hasta que marcho a Toledo para comenzar sus estudios de Latinidad en 1891. Dos años más tarde su familia se traslada, por motivos de trabajo, a Pueblanueva. Mientras Prudencio se licenciaba en Sagrada Teología en 1898 siguiendo los pasos de su hermano Ángel, que era clérigo y músico.

En 1901 es nombrado presbítero y asumió las funciones de coadjutor de la parroquia de Los Navalmorales durante tres años. En 1904 es nombrado párroco de Alovera (Guadalajara), donde permaneció varios años, pero quizás sus deseos de volver a su tierra hicieron que recalara primeramente en San Pablo de los Montes en 1913 y Santa Ana de Pusa en 1914.

Su estacia en Santa Ana de Pusa.

Prudencio conocía a la perfección los problemas del campesinado y del mundo rural de su época y muy especialmente los de su tierra, por lo que se alineó con las ideas que irrumpían sobre la doctrina social de la iglesia promovidas por el cardenal Guisasola.

Así fundó en Santa Ana el primer Sindicato Católico del campo el 23 de abril de 1916 como recogía la prensa de la época, con “Caja rural de ahorros, préstamos, mutuas y pensiones vitalicias”, todo un hito en aquella sociedad tan empobrecida y falta de protección social. El sindicato de Santa Ana, fundado por Prudencio, estuvo activo hasta 1936.

En Santa Ana fallecieron sus padres en 1915, con pocos meses de diferencia, por lo que Prudencio tuvo que hacerse cargo de sus hermanos pequeños.

También en Santa Ana apadrinó en su vocación sacerdotal a un joven santanero, el hoy beato Liberio González Nombela.

Belvís de la Jara y su acción social.

En 1916, Prudencio, es trasladado a Belvís de la Jara. Belvís, en esos años, vivía una verdadera efervescencia del movimiento obrero.

El alcalde era socialista y la agrupación Unión Campesina tenía más de 400 belviseños afiliados en la Casa del Pueblo de Madrid, lo que hizo que incluso Pablo Iglesias visitara el municipio jareño.

Prudencio junto con un médico local, que había pretendido crear una mutua y fue rechazada por los movimientos más conservadores y radicales del municipio, fundan el Sindicato Obrero Católico, que pretendía hacer contrapeso, desde la moderación, a los sindicatos de clase.

En pocos años el sindicato creo una mutua de previsión local, una caja de ahorros, una guardería rural, luchó contra el analfabetismo dando formación siempre desde la órbita del cristianismo. Pero en sus diez años de vida el sindicato incluso fue más allá, asumió aquel dicho de los sindicatos de clase de “la tierra para quien la trabaja” y junto con otros sindicatos vecinos compraron tierras para cultivarlas en comunidad, distribuidas en quintos. Se parcelaron en tierras de regadío y secano y se comenzaron a cultivar, pero al anularse la venta de esas tierras por intereses particulares, se frustro el que hubiera sido la primera reforma agraria desde el sindicalismo católico, un proyecto que encontró desde el principio enemigos interesados por todas partes.

Prudencio era un hombre dialogante, lo que le llevó a ser apreciado por todas las capas de la sociedad belviseña, juntó a Unión Campesina, al Sindicato Obrero Católico y a los grandes propietarios y llegaron a acuerdos en los que se mejoraron los jornales de los obreros.

De Los Navalmorales a Madridejos.

En 1927 vuelve a Los Navalmorales, allí volvió a recuperar el Sindicato Obrero Católico que había desaparecido, fundó una sociedad de socorros mutuos y propició el acercamiento entre las asociaciones de labradores y los obreros.

Promovió la acción social, creando una beneficencia de socorros mutuos para los pobres de la localidad, fomentó las bibliotecas populares de San Vicente Paul, así como economatos de ropa.

En Los Navalmorales estuvo cinco años, hasta que le nombraron cura ecónomo de Madridejos y arcipreste de La Mancha en 1930.

Por esa época Madridejos era un pueblo muy radicalizado tanto en la derecha, como en la izquierda y las necesidades de los jornaleros y los más pobres eran similares que en las parroquias en las que había estado Prudencio, por ello siguió centrado en su acción social, creando comedores sociales o reparto de medicamentos, entre otras muchas acciones, incluso en su casa dio cobijo a algunas de las familias más pobres, conviviendo con él y los suyos.

En las elecciones municipales de 1936 en Madridejos ganó el Frente Popular, salió elegido un alcalde de la izquierda más moderada, sin embargo, a los pocos meses se apoderaron de ayuntamiento los comités locales, formados por elementos más radicales, como los anarquistas.

El 5 de mayo de 1936 Prudencio era nombrado cura de Torrijos y arcipreste de Torrijos-Escalona, en Torrijos cesaba como párroco un santanero, viejo conocido de Prudencio, Liberio González Nombela, aquel seminarista que en 1916 le acompañó a cantar misa en las fiestas de Retamoso, pero por las circunstancias políticas se anularon los nombramientos.

El inicio de la Guerra Civil estaba a las puertas y dos días después del 18 de julio, Prudencio fue detenido y encarcelado en Madridejos. Permaneció en la cárcel algo menos de un mes. El 17 de agosto se le llevaron “para Madrid” aunque no llegaría, fue fusilado junto con otras once personas en Los Yébenes, junto al rio Algodor, en el paraje denominado La Matilla.

A bien seguro que tanto los que dieron la orden de su ejecución, como los que apretaron los gatillos, desconocían la labor social de Prudencio, no tan distantes de los ideales que ellos perseguían: la asistencia social, la mejora de la asistencia médica, pensiones vitalicias, mejor reparto de las tierras, reforma agraria, mejores los jornales, terminar con el analfabetismo, etc., posiblemente de haberlo conocido el desenlace hubiese sido otro.

Un hombre afable y dialogante.

La informacion que tenemos sobre Prudencio Lebric la tenemos por los testimonios de personas que le conocieron.

En Belvís decían de él:

Era hombre de no alta estatura, de complexión fuerte, él se llamaba a sí mismo «el cura gordo». “Una persona dialogante … ameno conversador, de simpático trato, de oratoria ampulosa. Dialogante con los jefes de la Casa del Pueblo local, contribuyó a pacificar los espíritus.”

El historiador Jiménez de Gregorio comentaba frases de Prudencio de boca de su sobrino Ángel Lebric, algunas de esas frases eran: «Nada hay para alimentarse como comer un par de huevos fritos bien paneaos», o esta otra: «Me gusta comer las sopas en la sartén de patas, sentado en el suelo». También recordaba que: “hubo rogativas en la iglesia para pedir el beneficio de la lluvia, con cánticos como estos: «Los prados se secan/ la hierba no nace/ y los corderitos/ se mueren de hambre»” una rogativa muy sanmartileña.

El sacristán comentaba que cuando Prudencio bendecía una boda por lo bajini decia:

“Contenta venís

Contentita vas

Que el año que viene

Ya me lo dirás”

Y en Madridejos, quienes le conocieron, comentaron: “Hombre querido por todas las clases sociales.” “No se enfadaba nunca, tenía siempre buenos modos”. “Era un hombre que inspiraba confianza, llano y espontáneo”.

Podemos resumir la vida de este sanmartileño, que tanto aportó a los pueblos por los que pasó en las palabras de su familiar, el profesor Ventura Lebric, fundador de la Asociación Cultural Montes de Toledo:

D. Prudencio Leblic Acevedo fue un cura que creyó en aquel modelo social, en un mundo que necesitaba una revolución estructural hacia el mayor reconocimiento de los derechos humanos, por el que luchó siguiendo las direcrices de la jerarquía católica, buscando la necesidad humana y tratando de remediarla con los medios que disponía.”

FUENTES:

LEBLIC GARCIA, V. Apuntes biográficos de D. Prudencio Leblic Acevedo. El arcipreste de La Mancha. Una vida de compromiso con la doctrina social de la Iglesia. TOLETUM, 48, Toledo 2002.

JIMENEZ DE GREGORIO, F. La iglesia y la parroquia de Belvís de la Jara en el siglo XX. TOLETUM, 43, Toledo 2013

LEBLIC GARCIA, V. La familia materna de D. Domingo Badía y Leblich en Toledo. Los Leblich toledanos. BOLETIN DE LA SOCIEDAD TOLEDANA DE ESTUDIOS HERALDICOS Y GENEALOGICOS. 6, Toledo 1986.

Deja un comentario

logo tierra de Valdepusa

La historia nos hace conocer el cómo y por qué somos así y la influencia que los acontecimientos tienen en las futuras generaciones de los pueblos.

Contacto