Curiosidades del Catastro de Ensenada de San Martín de Pussa en 1751.


Se conoce como Catastro de Ensenada una investigación que mandó realizar el rey Fernando VI, por iniciativa del marqués de Ensenada, Zenón de Somodevilla, en más de 15.000 poblaciones de la corona de Castilla, sobre la población, las propiedades, los oficios, censos, edificios, rentas, etc, buscando establecer una contribución única.

En San Martín de Pusa se realizó dicho catastro entre Julio de 1751 a Octubre del mismo año. El documento completo, con las declaraciones de vecinos y propietarios, es de un gran valor histórico y sociológico para comprender la sociedad de la villa en aquella mitad del siglo XVIII, y a su vez para poder analizar como cambió, en algunos aspectos bruscamente, a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX.

Aunque tiempo habrá de analizar en detalle lo que de nuestra villa cuenta el Catastro, me ha parecido interesante, empezar por DIEZ curiosidades que quizás no conociéramos de aquel San Martín de Pusa.

LAS CALLES.

Si bien en España no se estableció la obligatoriedad de un callejero en los municipios hasta 18xx, el actual callejero de San Martín engloba bastantes calles que ya se denominaban así en 1751, como por ejemplo: Empedrada, Valdelpozo, Cristo, De la Iglesia, Chorrera, De los Frailes, Del Cura, De la Mancha, Huertas.

Luego existían calles cuyos nombres han desaparecido o han cambiado, por ejemplo: calle del Palacio; de las Camproneras, de las Eras Bajas; de la Olivilla, hoy de San Sebastián; de los Mártires; de Toledillo; del Rollo, camino de Santa Ana o del Hospital.

Por último algunos nombre de calles hacían mención a vecinos que vivían en ellas: Nombela o Roque Vega.

LAS TIERRAS.

Con el nombre de las tierras ocurre algo parecido a lo de las calles, la mayoría de los pagos siguen conservando los nombres hoy en día: Los Llanos, La Matalobos, El Cerro del Águila, Santo Cristo, La Cruz Colorada, El Cerro Agudo, Las Cabreras, Las Callejas, Cañas, Los Pobres, Valleponce, La Parrilla,…

Otros se modificaron o evolucionaron al nombre actual partiendo del nombre que tenían en 1751, el ejemplo más claro es Valleahijado, que hoy se conoce como Vallejado y algunos han caído en desuso como por ejemplo La Pradera Juana en la Fuente Santa.

En la zona de Las Viñas, por aquel entonces, se hablaban de “las cercas”, es decir terrenos cercados de piedras, así encontramos varias “cercas” como La Cerca del Alcayde.

Quizás lo que pueda llamar más la atención es como en la denominación de algunos terrenos ha permanecido hasta hoy el nombre de sus antiguos propietarios, hay dos ejemplos claros: Pastora, se denomina así por que su propietaria era una tal Sebastiana Muñoz de la Pastora, viuda de Bernardino Gómez Tostón y Cerca Paredes, de la que se puede pensar que su nombre proviene de una finca cercada con paredes de piedra, cuando realmente toma el nombre de la cerca de un tal Juan de Paredes.

LA VIVIENDA

Prácticamente la descripción que se hace de las casas es muy similar dependiendo de la clase social, generalmente los labradores con una importante hacienda tenían casas dobladas, utilizada la parte de arriba como graneros, además patios, corrales, etc., mientras que las clases más humildes disponían de viviendas de una planta con uno o dos cuartos principales y una cocina.

Es curiosa la definición que hacen de la sencillez de la vivienda cuando dicen que el tejado es de “tejavana”, es decir que no tenían un techado interior, sino que la teja se ponía sobre ramajes o cañas, así mismo en algunos cobertizos de las casas más humildes el tejado no era de teja, estaba enramado. Veamos tres ejemplos:


Ana de la Torre, viuda de Joseph Gómez Herrero: Manifiesto que tengo unas casas que son de mi morada en la calle Real al sitio del Alamillo, que se componen de una sala grande y otra más pequeña con su zaguán y cocina, todos doblados cuyos altos sirven de graneros, tiene en la cocina un cuarto que sirve de cocedero y otro de despensa y ambos sin doblar, tiene su patio bodega y cueva, que cada pieza puede tener y caber unas quinientas arrobas de vino, tiene sobre la cueva su pajar y una caballeriza y en el patio hay todas estas piezas sin doblar y luego su corral…


Esta sería la casa tipo de un labrador medio de San Martín en esa época.

Veamos la casa de un jornalero con una pequeña propiedad: viña, olivar, etc.

Juan Carrero, de cincuenta años de oficio jornalero: Tiene una casa en la calle que llaman del Cura, tiene de frontis veintidós varas y de fondo treinta y ocho, con tres cuartos bajos, cocina y portal, cueva y pozo con su portal.

Por último la humilde casa de un jornalero sin tierra, cuya única propiedad es su casa.

Clemente Canales, casado con Gertrudis Carmena…, manifiesto que tengo una casa en la calle que sale a las Eras Bajas que se compone de un portal y una cocina y un cuarto dormitorio y su corral…, tiene de frente diez y ocho varas y de fondo veintisiete varas (una vara equivale a 0,58 cms)

Todas las casas tenía la carga de una gallina por año que se pagaba al marqués.

Como curiosidad existían casas en las que vivían varias familias y la vivienda en alquiler era casi exclusiva de las clases desfavorecidas.

Francisco López del Carpio dice que tiene “una media casa por indivisa”, en la calle que va a la Chorrera, al margen una anotación: “la comunera de esta casa es la viuda de Manuel López del Carpio”, la segunda mujer de su padre.

LOS OFICIOS

EL Catastro tiene un capítulo específico para los oficios, la relación de los mismos y quienes les ostentaban es la siguiente:

Escribano: Juan Muñoz.
 Médico: Tomás de Zuñiga
 Boticario: Gerónimo Alonso Blázquez
 Cirujano Barbero: Francisco Gómez Torres
 Sacristán: Juan Gómez de Ribera el Sacristán,
 Oficiales de Sastre: Antonio Sebastián Martínez y Juan Gómez Torre
 Sastre: Alfonso Sánchez
 Alarife: Maestro de Albañilería: Miguel Hilario Quintero
 Herrador: Francisco García González.
 Herrero: Pedro García de Orio
 Maestro de Obra Prima: Alfonso Casas
 Oficial Zapatero: Baltasar Barroso
 Maestros de Molino: Manuel García Hidalgo y Joseph Manuel de Cádiz Lucero.
 Panaderos: Gerónimo Zazo, Juan Marín, Joseph de Espinoso y Valentín Magán.
 Arrieros: Jacinto Pérez y Pedro Belvís.
 Cerero: Juan Sánchez Durán.
 Mesonero: Guillermo Andrés Anduego
 Tejedores de Lienzos: Manuel del Valle del Río y Joseph Camacho Balmaseda.
 Tabernero: Juan Martín Tereso
 Maestro de Primeras Letras: Juan Rodríguez
 Carpinteros de Carros, Maestros de Carretería: Agustín del Cerro y Felipe Gómez de Ribera.
 Carpintero: Juan Nombela
 Cortador (Carnicero): Florencio Gallardo.

Además de estos, existían otros oficios menores que principalmente eran realizados por jornaleros, pues la denominación de jornalero incluía a todos los que trabajaban por un jornal, independientemente si estaban ajustados por todo el año o eran trabajos ocasionales. Algunos compaginaban los trabajados eventuales con otros fijos, de estos otros oficios destacamos los siguientes:

Guardas de la Dehesa: Manuel Rodríguez, Francisco Sánchez y Juan Fernández Yagüe.
 Ermitaño de Ntra. Sra. De la Bienvenida: Sebastián Berjano.
 Jornalero y Carcelero de la Villa: Sebastián Esteban.
 Mayoral de Vacas de la Villa: Manuel Canales
 Jornalero y Peón de la Iglesia y de la Ermita del Stmo. Cristo: Julián Sánchez Badillo.
 Mozo de Servicio: Joseph Muñoz de Arroyo.
 Molinero: Francisco Gómez Gordo.
 Rabadán de Ovejas: Juan Fernández de la Llave.
 Mayordomo de Labor: Jesús Fernández.
 Criado del Sacristán Mayor: Francisco González de Nava.

DEMOGRAFÍA.

Quizás lo más sorprendente dentro de los datos demográficos sea la natalidad, pues podríamos pensar que las familias de esa época tenían muchos hijos, los datos que disponemos no nos indican los hijos nacidos, si los vivos, pues aunque entendemos que la mortandad infantil sería importante, y aquí viene lo curioso, la media era de 1,61 hijos por familia, por grupos la media era la siguiente:

Dentro de los hijos predominaban el sexo femenino sobre el masculino, pues el 53 % eran mujeres, mientras que el 47% eran hombre.

La familia con más hijos era la del panadero Juan Marín y su esposa Bárbara de la Iglesia, tenían 7 hijos: dos chicos y siete chicas y vivían en la calle de la Iglesia.

Otro dato curioso es la soltería, pues mientras que entre los labradores y ganaderos, tan solo había un soltero de 46, este dato se dispara en los jornaleros, donde los soltería llega al 47%. Queda claro que la situación económica era importante a la hora de encontrar esposa.

También la orfandad era un asunto social de importancia, pues los bienes de unos 15 menores eran tutelados.

Existían un gran número de viudas, pues había en la villa 44 viudas, que representaban el 24% de los vecinos, algunas con bienes propios.

Sobre la longevidad, existe un caso curioso, el de una persona que vivía en San Martín por aquel entonces con 104 años, era Joseph Fernández de Loaysa que vivía en la calle de La Iglesia y era padre del presbítero Juan Valentín Fernández de Loaysa.

Hay varios testimonios de vecinos y vecinas de San Martín con más de setenta años y casi ninguno de ochenta.

DOS QUEVEDOS Y UN CERVANTES.

Dentro de las curiosidades aparecen dos propietarios en San Martín que se apellidaban Quevedo, éstos eran Juan de Quevedo y su hijo Antonio de Quevedo, vecinos de Carmena, donde existe una casa solariega denominada La Casa de los Quevedos. La labranza de La Parrilla era de su propoedad, entre otras muchas, pues tenían en San Martín 342 fanegas de tierra, más de 600 olivas y unas 2.400 cepas.

Casa de los Quevedos. CARMENA

También tenía San Martín un Cervantes, D. José Rodríguez de Cervantes, Maestro de Primeras Letras, que vivía en la calle del Cristo y era natural de La Puebla de Don Fabrique, hoy Villa de Don Fabrique donde tenía heredad.

Un investigador local de La Villa de Don Fabrique, Antonio Mendoza, lleva años defendiendo, documentalmente la existencia de dos Miguel de Cervantes, uno nacido en Alcázar de San Juan y el de Alcalá, coetáneos y que el manchego fue realmente el autor del Quijote. Dicho investigador está indagando si el maestro de San Martín fuera nieto de una hermana del Cervantes manchego.

FORASTEROS.

Que las tierras de San Martín debían estar consideradas de buena calidad, se puede constatar por la cantidad de forasteros que tenía propiedades en la villa, nada menos que 74 propietarios seglares, además de varios eclesiásticos.

Lógicamente predominaban los propietarios de Navalmoral de Pusa, con 28 propietarios y Navalmoral de Toledo con 19, pero también había 7 propietarios de Pueblanueva, 3 de Talavera y 2 de La Puebla de Montalbán.

Los pueblos más cercanos, como Malpica, Santa Ana, Los Navalucillos de Toledo, San Bartolomé o Villarejo, aportaban, cada uno, un propietario en el término de San Martín.

Existían propietarios de lugares más alejados, como los mencionados Quevedo de Carmena, o los Merlo de Ciudad Rodrigo y Fuenteguinaldo en Salamanca, alguno de Madrid y otros en paradero desconocido, como Manuel Fernández que decían que estaba sirviendo al rey o un tal Ignacio Fernández Paredes que compartía la heredad de 17 fanegas de tierra, 32 olivas y 340 cepas y se encontraba en Las Indias.

EL OLIVAR Y EL VIÑEDO

Lo primero que te das cuenta al leer la declaraciones de los vecinos y propietarios de San Martín de 1751 es de la importancia del cultivo del olivar, y principalmente del viñedo en aquella época.

Está claro que el olivar en esos años estaba en plena expansión, toda vez que en muchas de las declaraciones se habla de olivas, tocones y plantones.

Las zonas predominantes de olivar eran principalmente la Matalobos, Los Llanos y Valleponce, además de pequeños olivares más próximos al pueblo, como en el Cerro el Águila, el Cerro de San Antonio o Las Cabreras. La totalidad de olivos en esa época superaban los 11.000.

Pero digamos que el cultivo generalista era el viñedo, la mayoría de los vecinos tenían alguna viña. El viñedo estaba presente en todas clases sociales, pero muy arraigado en las más humildes, un ejemplo de ello lo tenemos en los “Jornaleros con Tierras”, de los 22 que tenían alguna propiedad rústica, únicamente dos no tenían viñedo.

Los pagos de viñedo más nombrados en las declaraciones son el Cerrillo de la Barrosa, Cerrillo de Ladero, La Loberas, Peña del Cuervo, Cañas, Las Callejas, La Fuente de los Vinateros, Peña Redonda, Pago de los Nuevos, Pradera Juana, Videla o Camino de las Cercas, todos ellos en Las Viñas, aunque también había viñedo fuera de ellas, como por ejemplo en Santo Cristo.

En número de cepas en aquella época superaban las 250.000.

Es curiosa la cantidad de viñedo y olivar que se daba en San Martín, cuando en los Catastros de Ensenada de pueblos limítrofes como Villarejo y San Bartolomé, no era así. Esto venía motivado por la propia carta puebla que en su momento dio el señor de Valdepusa a los vecinos, en la cual las viñas, huertas y el olivar, dentro de una cotería marcada, estaban exentos de pagar el dozavo.

Unas décadas más tarde y debido a la expansión del olivar, ese dozavo de la aceituna sería motivo de litigios entre los pueblos y el marquesado.

POBRES E IMPEDIDOS

Por los datos del Catastro no parece que San Martín fuera un pueblo con extrema pobreza. Se podría pensar en ello por el número de jornaleros, pero de las casi doscientas familias que formaban la villa, solo el 25% eran jornaleros sin tierra, además gran mayoría de ellos estaban ajustados como sirvientes de labor, rabadanes de ovejas, molinero, pastor, etc y algunos trabajaban gran parte del año como Jóseph Fernández Nombela, quien dice que “trabaja de San Andrés a finales se Agosto”, teniendo en cuenta que San Andrés es el 30 de noviembre, trabajaba diez meses al año.

Muchos de los que estaban al jornal tenían algún animales de carga, la mayoría para ir a por leña, que imagino venderían, ese era el caso de Juan Morales quien dice que “solo tiene una pollina y su jornal”.

Únicamente dos de los jornaleros parecen mostrar extrema pobreza, uno es Rafael de Castro, viudo e impedido con cinco hijos, uno de ellos ciego, quien dice que es pobre y el otro es Juan Euscrico Granados, quien manifiesta que es pobre y solo tiene su jornal.

Eran las mujeres, las viudas eran las que peores condiciones de vida soportaban, y a mayor edad aun peor. Los testimonios lo dicen todo:

  • Gregoria Marín viuda de Francisco Santa Ana, vive con su hija sorda en la calle Los Mártires en un solar con una casa que no tiene habitaciones.
  • María de la Llave, viuda de Juan Felipe del Cerro, vive en la calle del Cura, de su trabajo y de alguna limosna.
  • María Fernández, viuda de Francisco Jiménez de Blás, vive en la calle Valdelpozo, tiene tres hijas y se define como pobre.
  • Francisca López Gascones, de 50 años, siempre fue huérfana de padre y madre, vive de lo que la sale y de ir al rio. No tiene familia.
  • María Fernández Michael, viuda de Francisco García Pajarero, con tres hijos, uno solo de mes y medio, dice que vive en la pobreza.

Son algunos ejemplos representativos, aunque exieten más viudas que se declaran pobres de solemnidad.

También existían huérfanos de padre y madre, como los hermanos González de Ocaña, donde el mayor Manuel estaba de vaquero del concejo, con lo que ayudaba a la subsistencia del resto de hermanos.

Otros huérfanos de padre y madre quedaban al amparo de los abuelos, como el niño Felipe Espinoso que vivía con su abuela viuda Margarita Torre.

Y existía un matrimonio de ciegos, Joseph Jiménez de Blas y Ana Fernández Huete, tenían una hija, vivían en la calle Valdelpozo y disponían de cierta hacienda: otra casa en la calle La Mancha, una tierra de 12 fanegas y una pequeña viña, vivían del jornal y de alguna limosna.

EL PINTOR.

Una de las curiosidades encontradas en el Catastro es la existencia de un pintor Sebastián Canales, figura como lindero de una viña donde dicen: “…y linda con viña de Sebastián Canales el pintor”, también figura una tal María la Pintora, posiblemente fuera familia suya.

Lo que parece cierto es que nuestro pintor ya habría fallecido en 1751, pues la única obra que he encontrado documentada de él se trata del retablo de la capilla de San Ramón Nonato en la iglesia de Cebolla y fue realizado entre 1717 y 1721. El apunte sobre el mismo dice lo siguiente:


Esperemos que su obra fuera prolífera y podamos encontrar más trabajos de este sanmartileño.

Hasta aquí este pequeño paseo por parte de la sociedad del San Martín de mediados del siglo XVIII, tiempo habrá para otros análisis.

FUENTES:

.- ARCHIVO PROVINCIAL DE TOLEDO. Catastro de Ensenada de San Martín de Pusa. Código 32975. Año 1751.
.- RETABLOS DE LA PARROQUIA DE CEBOLLA Y SUS ARTÍFICES. Gómez Jara, J. Anales toledanos, ISSN 0538-1983, Nº. 44,

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