El Teniente Anfiloquio Guío Sosa. Un héroe en África.

La víspera del Santísimo Cristo de Valdelpozo de 1923 , un joven sanmartileño se incorporaba a la Academia de Infantería de Toledo para comenzar su carrera militar. Era Anfiloquio Guío Sosa, quien había nacido en San Martín de Pusa un 27 de marzo de 1904, hijo de Victorio Guio Fernández y de Cayetana Sosa Martín.

Con toda seguridad sus padres quedarían apenados con su marcha, toda vez que era su único hijo vivo tras la pérdida en menos de un año de sus otros dos hijos: María con tan solo 12 años en septiembre de 1918 y Gaudencio a los pocos meses de nacer en agosto de 1919.

Su paso por la Academia de Infantería y primer destino.

España estaba en guerra contra las tropas rebeldes de Abd- el Krim en el protectorado español del Rif, al norte de Marruecos y los españoles aún lloraban el «Desastre de Annual», que en 1921 se cobró la vida de más de 8.000 compatriotas.

Foto y firma de Anfiloquio en la orla de su graduación como alférez.

Anfiloquio tras pasar por la Academia de Infantería algo más se dos año fue promovido al empleo de Alférez dejando el Director de la misma la siguiente reseña de su paso por ella en su Hoja de Servicios:

Durante su estancia en la academia, fue conceptuada su conducta como “sobresaliente”, cuya circunstancia se hace constar.

El 1 de julio de 1924 quedó en situación de disponible y el día 22 del mismo mes se le destinó al Regimiento de Infantería núm. 64 de Santa Cruz de Tenerife, donde llegó el día 31 de julio. En este Regimiento estuvo encuadrado en la Primera Compañía del Primer Batallón.

Su estancia en Tenerife sería corta y el 8 de septiembre de 1924 embarcó en el vapor “Rey Jaime II” con destino a Larache donde formaría parte del Batallón de Expedicionarios prestando sus servicios en la Compañía de Ametralladoras. Dentro de esta Compañía prestó servicios de protección de carreteras y convoyes en localidades como Seriyg o Teffer.

Sus acciones militares en el Rif.

El 17 de diciembre protegió con fuego de artillería la evacuación de Safel-Ma y el 25 de diciembre protegió con parte de su fuerza un aduar (aldea) que habías sido atacado por el enemigo. El 16 de marzo de 1925 se incorporó al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache.

En ese año de 1925 las hostilidades de las fuerzas rebeldes de Abd-el Krim en la zona del protectorado francés se intensifican hasta la llamada batalla de Uarga, también llamado el “Annual Francés”, lo que hizo que se constituyera una alianza hispano-francesa, que fraguaría en el desembarco de Alhucemas del 8 de septiembre.

El día antes del desembarco nuestro paisano salió con su compañía formando parte de la columna mandada por el Coronel D. Leopoldo García Beloix, a realizar labores de reconocimiento y apoyo.

A comienzos de 1926 realizó servicios de campaña y no fue hasta el 6 de marzo cuando salió en vanguardia (primera línea de fuego) hasta las primeras posiciones de Buhraudú 1 y 2 en cuyas lomas se situó para proteger las baterías que se hallaban en dichas lomas y facilitar los avances de las Harkas (expediciones militares de tropas indígenas) que vaciaron el duar (pequeña aldea) próximo a la Kabila (comarca) de Bani-Mezdui. Al día siguiente con la misma fuerza y jefe regresó a la antigua posición de Kudia-Sefas, sosteniendo fuego con el enemigo.

Mapa de la zona de operaciones del Protectorado español, próximo a Alhucemas.

En días posteriores se trasladó en ferrocarril hasta Larache y de allí a Nador donde estuvo hasta el 1 de mayo cuando embarcó a bordo del “Isla de Menorca” dirección a Alhucemas, donde desembarcó al día siguiente en Kala del Quemado, continuando hasta las lomas de Cardeñola, donde pernoctó.

El día 8 de mayo formando parte de la vanguardia de la columna Centro, se trasladó hasta la Rocosa, donde hizo un alto, siguiendo la marcha hasta el rio Guis, al atravesar la llamada “Pista de los prisioneros” fue hostigado con fuego de cañón enemigo y a unos 800 metros más adelante se hizo alto al abrigo de las baterías enemigas, reanudando el avance al objeto de ocupar la meseta de Asgar y la loma de la “Casa de la Cisterna” lo que consiguió en extrema vanguardia de la columna sosteniendo nutrido fuego del enemigo, resultando herido por arma de fuego enemigo pronóstico muy grave en el vientre, siendo evacuado al Hospital de la Infanta María Luisa en la Kala del Quemado, falleciendo el día 10 en dicho establecimiento a causa de sus heridas y siendo trasladado su cadáver al cementerio de Santa Catalina en Cauta.

La prensa se hacía eco de la toma de la meseta de Asgar desde el mismo día que Anfiloquio cayó herido de muerte.

Las noticias de su fallecimiento.

Así es como murió un héroe de África. Hasta aquí un resumen de las acciones más importantes que aparecen en la Hoja de Servicios de Anfiloquio Guío Sosa.

La toma de la meseta de Asgar y las lomas limítrofes fueron fundamentales en la victoria de las tropas españolas. Una semana después del fallecimiento de nuestro paisano, el 16 de mayo de 1926, el líder rifeño Abd- el Krim, se entregó a las tropas francesas ente el temor de que si se entregaba a las españolas podría ser fusilado.

La noticia del fallecimiento en acto de guerra de Anfiloquio Guío Sosa causaría un enorme pesar, tanto para sus padres y familiares como para todo el pueblo de San Martín.

Sus padres, por las esquelas publicadas mantuvieron que su hijo había fallecido el 8 de mayo, aunque en realidad falleció el día 10 en el hospital de campaña.

A los pocos meses de su fallecimiento, un amigo tinerfeño de Anfiloquio le escribió un emotivo “in memoriam” en el que destaca su amistad, las vivencias que vivieron juntos en Tenerife y en Marruecos, las veces que Guio Sosa sorteó la muerte, a la que llama la Pálida y los recuerdos de las fotos que tenía de una tinerfeña a la rondaba y las poesías que le escribía, pues nuestro paisano también tenía el título de maestro nacional.

El reconocimiento póstumo.

El 21 de julio de 1927 llegó al ayuntamiento de San Martín un cheque del Banco de Bilbao por 1.000 pesetas a nombre del padre de Anfiloquio Guio Sosa, era la indemnización relativa a la Cuota de Auxilio de la Sociedad de Socorros Mutuos de Infantería por la muerte de su hijo.

El 30 agosto de 1927 fue recompensado con el ascenso a teniente por méritos de guerra y en diciembre de ese mismo año le fue concedida la Cruz al Mérito Militar con distintivo Rojo. También fue recompensado con la Medalla de África.

Sus padres hicieron todas las gestiones necesarias para que el cuerpo de su hijo fuera enterrado en San Martín, y así en octubre de 1928 llegaban los restos del Teniente Guio Sosa a Algeciras, dos años después de su fallecimiento, allí le esperaban sus padres para trasladarlos hasta su pueblo.

En 1930 el ayuntamiento de San Martín de Pusa le rindió un homenaje poniendo en su callejero el nombre de su héroe. La calle Sol, la de su domicilio familiar, pasó a llamarse calle del Teniente Guío Sosa, nombre que sigue manteniendo hoy en día.

Hasta aquí la historia de Anfiloquio Guio Sosa, su muerte en aquella meseta de Asgar bien seguro que contribuyó a que otros muchos jóvenes españoles no perdieran la vida en el Rif, pues como dijimos, una semana más tarde la guerra había terminado.

No podemos olvidar a otros paisanos que sufrieron las penurias de la guerra de África, y en especial a Eusebio Hidalgo Acevedo quien falleció en Tetuán y a quien el ayuntamiento en 1931 puso su nombre a una calle, la del Soldado Hidalgo Acevedo. Todos ellos en el recuerdo.

FUENTES:

.- Hoja de Servicios del Teniente Anfiloquio Guío Sosa. Archivo General Militar de Segovia.

.- Huellas. Fernández Manzanero, P. ISBN: 84-607-7359-0

.- Hemerotecas de la época.

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