1908. EL MOTÍN DE LOS NAVALMORALES

Probablemente los acontecimientos que vamos a relatar sean, informativamente, la noticia que más repercusión periodística ha tenido Los Navalmorales desde su unificación en 1835. Por la gravedad de los mismos la muerte de dos hombres y una mujer herida por disparos de la Guardia Civil contra una multitud: Eso hizo que los hechos fueran publicados en prácticamente todos los periódicos de España, en la mayoría bajo el título de “Motín en Los Navalmorales”.

Los hechos tuvieron lugar en 1908, por aquel entonces el pueblo de Los Navalmorales seguía con su modernización, sobre todo en infraestructuras, ya disponía de telégrafo desde principios de siglo, la familia Renilla proyectaba una fábrica de harinas y se realizaban gestiones para unir por auto privado el transporte de viajeros por una línea desde Toledo hasta Los Navalmorales.

La situación social

La agricultura y la ganadería seguían anclada en un desarrollo más lento que la industria y con los mismos problemas que en la segunda mitad del XIX, los agricultores más poderosos se hacían con las tierras de los más humildes, pasando éstos de labradores a convertirse en braceros con pequeños trozos de viña o huerta para su subsistencia, es decir se incrementaba el número de jornaleros y el trabajo para éstos no aumentaba.

En ese año de 1908 el ganadero de Los Navalmorales; Hermenegildo Fernández obtuvo una mención especial en el Concurso Nacional de Ganados a su lote de ovejas merinas y un segundo premio al lote de cabras de raza española, aptas para el consumo de carne.

Socialmente lo que se percibía a comienzos del siglo XX era que la horquilla de diferencias sociales entre los que más tenían y los que no tenían nada iba en aumento, y lo peor es que entre una y otra capa social no había espacio para nadie. La falta de trabajo provocaba que los abusos por parte de los patronos hacia los trabajadores fueran frecuentes. Para los que no tenían trabajo, una gran mayoría, en muchas épocas del año sólo les quedaba pasar hambre o salir al campo a cazar de forma furtiva o realizar pequeños hurtos para poder mantener a la familia.

Por todo ello existía cierta tensión entre los guardas de caza o de campo, la Guardia Civil y aquellos individuos más asiduos en cometer pequeñas faltas o delitos de vital necesidad.

El detonante de las protestas

Con la complejidad de una sociedad así, ¿Cuál fue el detonante del que se llamó El Motín de Los Navalmorales? Algo tan simple como la recaudación de un impuesto que existía sobre las Cédulas Personales de Identidad.

Las Cedulas Personales de Identidad fueron las precursoras del actual DNI, era un documento que impuso Fernando VII y estuvo vigente hasta 1944 cuando apareció en Documento Nacional de Identidad. En una instrucción de 1905 se incorporaron también las cédulas personales de identidad para el cónyuge. Este documento era necesario para realizar gestiones con la administración, servía de certificado de empadronamiento, para el censo electoral, etc., pero a su vez era un impuesto a la renta camuflado, pues dependiendo de tus bienes e ingresos se pagaba una cantidad anual, incluso con recargo para los solteros. En 1926 existían 16 tramos de pago de la cédula dependiendo de los ingresos.

Cédula Personal de la provincia de Toledo de 1896.

Pobreza y recaudadores de impuestos se unieron en Los Navalmorales en diciembre de 1908. Concretamente el día 14 de diciembre se personaron en el pueblo unos recaudadores para hace efectivo el abono del impuesto de las cédulas no pagado en los últimos cinco años. Las órdenes que llevaban eran claras; cobro o embargo de bienes.

Aunque tras los sucesos de “el motín”, los hechos acontecidos se describieron de diferente forma en los periódicos y agencias de toda España, la descripción más fidedigna, fue la publicada en El Heraldo Toledano, en su número 1069 de 16 de diciembre de 1908, toda vez que relata la versión recogida vía telefónica de boca de vecinos del pueblo y a su vez publicaron la versión oficial.

La descripción de los hechos


Estas son las dos versiones que pudieron leer en el Heraldo Toledano sobre los hechos del fatídico día 14 de diciembre ante las protestas de una parte del pueblo, como hemos dicho, por estar en contra del cobro del impuesto de la Cédula Personal de Identidad.
La versión recogida en el pueblo fue la siguiente:

“Recibimos en la madrugada de anoche las primeras impresiones, pero de modo tan incompleto e inseguro, que nos limitamos como verán nuestros lectores, a dar la noticia de lo que se decía; ya en máquina nuestro número tuvimos confirmación de aquellas primeras impresiones y hemos seguido durante el día de ayer recibiendo detalles.
Parece ser que cumpliendo con su deber, los recaudadores que habían que hacer efectivo el importe del impuesto de cédulas personales de años anteriores, hicieron reglamentarios requisitos y procedieron a practicar algunos embargos, y entre éstos, el de una caballería menos, , en tanto el espíritu de protesta de muchos vecinos fue determinando la formación de grupos, que en actitud hostil se dirigían contra los recaudadores, empezando que soltaran el burro embargado, y más tarde, y a grandes voces, que montados en aquella caballería salieran del pueblo los recaudadores, tratando Don Isidoro Martín de Eugenio y el cura párroco de apaciguar los ánimos, y haciendo para ello que se dejara sin efecto, y así se hizo, el embargo del asno, sin que esto consiguiera restablecer el orden y la calma en los amotinados.
Parece ser también que se presentó frente a los grupos arengándoles para que desistieran de su actitud, el teniente de la línea de la Guardia Civil D. Eugenio López Quirós, y una o dos parejas del benemérito Cuerpo.
Lo amotinados repitieron su deseo de que salieran montados en el burro los recaudadores, contestando el teniente de la Guardia Civil, que se retirasen y todo se arreglaría del mejor modo posible, sin que siguieran sus indagaciones, porque los grupos se disolvían en un punto para formarse en otro.
La Guardia Civil intimó varias veces a los rebeldes para que cesaran de su actitud, pero lejos de ser atendida, desde alguna calle arrojaron algunas piedras contra la fuerza pública y los guardias hicieron una descarga al aire, sin que aun así consiguieran reducir a la obediencia a los revoltosos que se apostaban en las esquinas y lanzaban piedras en mayor número que al principio, algunas de las cuales dieron a algunos guardias, exclamando uno de éstos; “Mi teniente, que me han herido” y entonces, dícese, que los guardias hicieron una segunda descarga al aire con el mismo negativo resultado que la primera, y como las piedras continuaban y sonó un disparo de revólver, los guardias hicieron fuego contra la multitud.»


Por otra parte, la versión oficial era más escueta, ensalzando la figura del alcalde, que verdaderamente junto con el cura intentaron poner paz, pero fue la presencia de la Guardia Civil quien más alteró los ánimos de los manifestantes. Sin embargo, la versión oficial se detiene bastante poco en la tragedia por las dos muertes y sí parecen exagerar los heridos por parte de la Guardia Civil, cuatro heridos, frente a uno de la versión popular.

Esta fue la versión oficial de lo acontecido:

“En la calle del Moral, frente a la casa ocupada por los individuos que cobran las cédulas personales, sobre las nueve de la noche del día 14 de los corrientes, se promovió una grande y ruidosa algarada, en la que, primero en actitud bullanguera y después hostil, y en número considerable de hombres, mujeres y chiquillos, hicieron varias exigencias relativas al cobreo de dicho documento, exigencias que en un rasgo de desprendimiento, digno del mayor encomio, el Sr. Alcalde D. Isidoro Martín de Eugenio les ofreció solemnemente satisfacer con su persona e intereses todo género de facilidades para zanjar sus deseos; pero los amotinados, cada vez más envalentonados y en su afán, sin duda, de formar el conflicto entre unos y otros, después de dirigir a la fuerza armada todo tipo de insultos, concluyeron por arrojar, en gran número, piedras, palos y hacer varios disparos con armas de fuego, repeliendo la agresión la Guardia Civil con éste último procedimiento; abriendo resultado hasta la fecha dos hombres muertos, llamados Manuel García Recuero y Daniel Aguado; Santiaga García, mujer de éste último, gravemente herida y con heridas leves el teniente de la Guardia Civil D. Eugenio Morales Quirós, el sargento Epifanio Soriano Morales y los guardias segundos Mariano Bargueño Díaz y Nicasio Sánchez Granados.”

Calle del Moral, donde ocurrieron los hechos.

Ante la gravedad de los hecho, el Gobernador Civil envió de forma inmediata al secretario del Gobierno Civil; D. Ricardo L. Parreño al mando de varios funcionarios para indagar sobre los hechos del día 14, e informar tanto al Gobernador Civil como al Ministro de la Gobernación.

El día 15 de diciembre, se envía desde la estación de telégrafos de Los Navalmorales el siguiente cable:

“El Secretario del Gobierno Civil, al Gobernador y al Ministro de la Gobernación;
Sigue población tranquila. En el momento de presentárseme Jefe fuerza ordené procediera a detener comprometidos sucesos. Han sido puestos ya a esta hora a disposición Juez tres mujeres y cinco hombres. Continúase haciendo detenciones, pues tengo noticias de más complicados. He visitado a todos los heridos; El Oficial y los cuatro guardias están mejor de sus contusiones; la mujer herida tiene una pierna atravesada por bala maüser. Se hace precisa amputación, y como se carece en ésta de elementos para ello, piensan trasladar a Hospital Madrid. De las diligencias practicadas se desprende que Autoridades fueron sorprendidas por conflicto producido por efervescencia contra recaudación cédulas personales, pareciendo aquel dominado por el pronto con la presencia del Alcalde; pero al poco rato, engrosado por gente maleante, volvió a prorrumpir e gritos, y al intervenir Guardia Civil pacíficamente, fue agredida varias veces viéndose arrollada a pesar disparos hechos al aire, hasta el punto de caer herido en tierra el Oficial Jefe de línea, el sargento y dos guardias, por lo que se vieron precisados a disparar contra las turbas, ocasionando las desgracias de que tiene V.E. conocimiento, quedando solo dos guardias ilesos. Debo hacer notar que amotinados al acometer fuerza Guardia Civil se olvidaron asunto recaudación cédulas, saliendo a relucir la recogida armas hechas por Benemérita, denuncia de caza y otros hechos de ninguna relación con fundamento alboroto. Hoy se ha verificado el entierro de los dos muertos, que ha pasado desapercibido para la población, que hasta la hora presente permanece tranquila. Auxiliado por Oficial segundo de ese Gobierno e Inspector de Vigilancia D. Clodoaldo Sainz, continuó depuración hechos. Espero esta noche Fiscal Audiencia y Juez Instructor militar.”

Finalmente, tras las correspondientes pesquisas, fueron procesadas 16 personas, hombres y mujeres, que ingresaron en prisión el 30 de diciembre, con lo que se dio por cerrado el caso y finalizaron las noticias de estos desgraciados sucesos.
La prensa de la época no recogió el dictamen de la justicia militar sobre la actuación de la Guardia Civil, aunque todo hace pensar que no fueron acusados de ningún delito, sino que se consideró un acto de defensa propia, disparar contra la multitud a quemarropa.

El propio Secretario del Gobierno Civil intenta dejar dicho en el telegrama que hemos reproducido, de forma bastante diplomática, que la presencia de la Guardia Civil agravó una situación que el alcalde tenía casi controlada. Con su presencia apareció la tensión que ya existía entre parte del pueblo y la Benemérita, transformándose las protestas contra los recaudadores en protestas contra la actuación de cuerpo armado, por el sentido de persecución que percibía una parte de la sociedad que, si bien se saltaban las normas, lo hacían como modo para poder dar de comer a sus hijos.

Los dos fallecidos, Manuel García Recuero y Daniel Aguado fueron enterrados en la más absoluta soledad, muy probablemente por el miedo de los vecinos, bueno es que aquí se les recuerde, pues por muchas protestas e insultos que pudieran haber lanzado a la Benemérita, no merecieron morir por una acción tan desproporcionada.

Por otra parte, desconocemos que fue de Santiaga García, que embarazada de seis meses le tuvieron que amputar una pierna. Tampoco conozcemos si la criatura sobrevivió al parto y si así fue; seguro que llevaría siempre consigo los hechos aquí relatados, la muerte de su padre y la desgracia de la amputación de una pierna a su madre.

Hay un refrán que dice; “de estos barros esos lodos”, pues estos “barros” eran los que se fraguaban en la sociedad española; hambre, pobreza y desgracias, que dieron con los “lodos” de la contienda fratricida del 36.

FUENTES: Hemeroteca Prensa Histórica. El Heraldo de Toledo.

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