Malpica 1818. El Procurador del Común en defensa de los pobres.

En el antiguo régimen feudal existía en los concejos la figura del “Procurador del Común”, era un miembro del ayuntamiento que defendía los intereses del “común de los vecinos”, es decir los intereses del pueblo, ante las decisiones de la justicia o del ayuntamiento.

En 1818 ejercía como tal en Malpica Santos Rodríguez del Cerro, quien ante la falta de sensibilidad del ayuntamiento con parte de los vecinos de la villa, optó por defender sus derechos y acudir al Consejo de Castilla a pedir justicia.

Los hechos son sencillos y fáciles de entender y como vienen perfectamente expresados en su petición al Consejo, transcribimos la carta de Santos. La misma se podría considerarse un ejemplo de cumplimiento con su cargo y de la defensa de los más necesitados.

“Excelentísimo Señor Gobernador del Real y General Consejo de Castilla.

Santos Rodríguez del Cerro, Procurador General del Común de vecinos de esta villa, a V.E. con el debido obsequio dirijo la exposición siguiente: Que en este día se ha celebrado acuerdo por el Ayuntamiento de la misma, por el que se han resuelto se vendan las espigas de los rastrojos de las tierras del término, con el objeto de satisfacer con su producto, cierto débito a favor del Excmo. Sr. Almirante Duque de Veragua. Semejante determinación es tan injusta, como perjudicial y gravosa a los vecinos pobres de esta villa, quienes se hayan en la quieta posesión de recoger, según se ha observado de tiempo inmemorial, las cortadas espigas, y lo benefician las mujeres, luego que son alzadas las mieses; dicho derecho facilita el desahogo de sus deudas, y anhelan tan preciosa estación para solventarlas y socorrer generalmente sus necesidades. Así que llegado a entender por las infelices, exclamaban sintiéndose en tan triste desventura; conquistando mi corazón y llamando toda mi atención por que me fue forzoso oponiéndome a las determinaciones de dicho Ayuntamiento en honor de algunos excapitulares (miembros del ayuntamiento), pero en vano pues se llevó a cabo el proyecto. Descara disimular estos defectos, dictándomelo así la caridad, pero siendo tan notables, y representando todos los intereses de un común sobremanera ofendido, o debía de desentenderme de mis más estrechos deberes, o era preciso procurar por todos los medios posibles su remedio. Señor hoy es el día de los Pobres: La naturaleza basta para excitarnos en la compasión y amor que se les debe; más la religión nos lo manda. Y pensando piadosamente que V.E. se haya adornado de tan cristianos sentimientos, le dirijo mi voz y:

Suplico a V.E. se digne a atender mis ruegos, y en consecuencia mande expedir la superior orden a esta Justicia, para que no impida a los pobres recoger dichas espigas en los rastrojos del término, alzadas que sean las mieses, con causa ni pretexto alguno, antes bien les sostengan y amparen en la posesión de disfrutar de las mismas espigas, sin permitir la entrada de ganados sin haberlas alzado las mujeres, según es costumbre, bajo las penas y apercibimientos que tenga a bien imponer a dicha Justicia. Y atendiendo a lo ya relatado en el tiempo, suplico igualmente a V.E. se digne a tomar la referida determinación, con la brevedad que interesa al afligido, como lo espero de la notaria justificación en V.E.

Malpica y junio, 29 de 1818. Santos Rodríguez del Cerro”

Duque del Infantado.

Como hemos visto Santos intenta con la instancia al Consejo de Castilla, ablandar del corazón del gobernador del mismo, y para ello llega a recurrir a describir la desesperación de las mujeres de Malpica e incluso al cristianismo que se suponía profesaba el gobernador.

Por aquel entonces era gobernador del Consejo de Castilla el Duque del Infantado, el todo poderoso Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo que poseía más de treinta títulos nobiliarios, fue embajador y ministro de Fernando VII.

Parece ser que el Gobernador tomó en consideración la solicitud de Santos y con fecha veintiocho de julio manda a la Justicia y Ayuntamiento de Malpica lo siguiente:

«… A fin de resolver lo conveniente se ha servido el Consejo mandar que vuestra merced, hacer sin novedad alguna (es decir, dejar las cosas como estaban) en el disfrute y aprovechamiento de la espiga de los rastrojos de las tierras de su término que hayan tenido hasta el presente, informen al Consejo General mi mano a correo intermedio, con que motivo y autoridad han procedido a la venta que se dice por este Procurador Síndico haber ejecutado de dicha espiga, con lo demás que su razón hubiere y se le ofreciere. Madrid, 28 de julio de 1818.

A la Justicia y Ayuntamiento de la villa de Malpica.”

Algunas aclaraciones sobre los escritos:

  • El tal Santos Rodríguez, por tal y como se expresa escribiendo, debía ser una persona bastante ilustrada y con conocimiento de leyes. Algún ejemplo: cuando habla de la época de espigar, dice que “anhelan tan preciosa estación” o cuando pide que se resuelva con la máxima rapidez por el daño que pudiera hacer a los interesados, dice: “con la brevedad que interesa al afligido”
  • El Procurador del común dice en su escrito “que los vecinos de esta villa se hayan en <quieta posesión> de recoger…” es decir: que como ha sido costumbre siempre la recogida de las espigas, con el paso del tiempo se ha convertido en un derecho de los malpiqueños.
  • Cuando el Consejo dice “informen al Consejo mi mano a correo intermedio”, quiere decir a vuelta de correo una vez reciban la carta.

Únicamente quedan algunas dudas por descubrir: el motivo de la deuda del Concejo de Malpica con el Almirante Duque de Veragua, descendiente de Cristóbal Colón y la contestación del ayuntamiento al Consejo de Castilla.

Sirva este artículo para ensalzar la figura Santos Rodríguez del Cerro, que actuó como su conciencia le dictaba, sin tener en cuenta ni las presiones, ni la repercusión que pudiera tener, por la defensa de los más necesitados.

FUENTES:.- AHN. CONSEJO3359. EXP. 9.

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