Los colonos del quinto de Hornaguera Bajo en 1824.

A veces solicitas una documentación pensando que vas a encontrar una información y aparece otra quizás más importante que la que esperabas.

Es lo que ocurrió con la documentación que recibí del AHN del Consejo de Castilla sobre una petición de Basilia Morales, vecina y ganadera de Malpica y Agustín Ruíz de Ahijado, ganadero y vecino de Cebolla sobre el amparo que solicitaban al Consejo por el arrendamiento de una rastrojera para sus ganados.

Lo interesante del documento es la confirmación de la necesidad de tierra para labrar que tenían los vecinos de Malpica, tal y como describe el entonces alcalde ordinario de la villa Agapito Torrijos en la documentación:

«que el marqués de Malpica, cerciorado del escaso término de dicha villa y ser todos sus vecinos unos colonos en sus propiedades, tuvo a bien, en el anterior año de 1822, concederles en arrendamiento por cuatro años el quinto titulado Ornaguera Bajo, difereciándose su cánon y pago en solo de los terrazgos comprendidos en los que componen el término pagan al citado marqués el derecho del dozavo y por el citado quinto diez mil reales de vellón, cuyo quinto han de disfrutar todos los vecinos, labradores, peujareros y braceros en proporcionadas porciones, con la condición que para su pago solo se debía entender con el Ayuntamiento de dicha villa y no con los vecinos en particular.»

Hasta 1827 el término de Malpica estuvo dividido en 86 suertes, con aproximadamente 1.600 fanegas de tierra, al parecer insuficientes para el número de vecinos de Malpica que querían labrar.

D. Fermín Caballero cuando en su obra habla del quinto de Hornaguera Bajo dice:

«Hornaguera Bajo: Al N. del anterior (se refiere a Hornaguera Alto) y terminado por el Tajo y por el Rincón, pertenece a lps términos de Malpica y sus vecinos lo labran por 10.000 reales y veintena. Caben 510 fanegas de muy buena calidad y con muy nuenos sotos. Está dividido en maneos y suertes y no tiene ningúna servidumbre.»

Como vemos la declaración del alcalde ordinario en 1824 enriquece al de D. Fermín, para el conocimiento de éste tipo de arrendamiento que los vecinos de Malpica, como colonos, tenían del quinto de Hornaguera Bajo.

Pero D. Fermín nos informa que estaba dividido en «maneos«, interesantísima definición que nos hace conocer como se dividió el quinto entre los vecinos de Malpica, según D. Fermín:

«Maneo: Voz de agricultura, relativa a las clases y divisiones de tierras. Se trata por ejemplo de la división de un quinto entre muchos labradores. Lo primero es dividirlo en maneos; es decir hacelo tres o cuatro partes según las calidades del terreno. Estos distritos o maneos se dividen en tantas suertes o pedazos como labradores, de que resuelta, que cada uno tiene una suerte en cada maneo, participando así todos de las tierras de 1°, 2° y demás calidades».

Quizás de éste «maneo» deriva el verbo «manear» que en caza se refiere a dividir el campo a cazar de forma ordenada en diferentes franjas de terreno para levantar la caza.

Para completar el arrendamiento de Hornaguera Bajo por los vecinos de Malpica volvemos a la declaración del alcalde:

«… en dicho año del 822, se repartió la mitad del terreno de dicho quinto entre todos estos vecinos y la otra mitad en el siguiente del 823, habiendo algunos beneficiado sus respectivas suertes traspasandolas entre otros, a la misma Basilia Morales y al cura párroco que también es labrador.»

Volviendo a la solicitud de amparo de Basilia Morales y Agustín Ruíz de Ahijado, los hechos a los que aludían eran que habían firmado un contrato entre Juan de Mata Morales, yerno de Basilia y Agustín Ruíz con el alcalde para la rastrojera en 2.500 reales, una vez firmado, el alcalde inmediatamente accedió, por la presión de los vecinos, en admitir unas mejoras y nuevas pujas. Lo que conllevó que la penúltima puja realizada por Agustín Cuadrado vecino de Calzada de Oropesa fue de 5.010 reales, cerrando el remate en 5.500 reales a favor del citado Juan de Mata, es decir más del doble de lo que habían acordado en el contrato. Pero ¿porqué era tan importante la venta de la rastrojera?, la documentación también nos da una contestación al respecto, toda vez que con la venta para la ganadería de la yerbas y la rastrojera, los vecinos de Malpica pagaban gran parte del los 10.000 reales de arrendamiento al marqués. Así lo expresan Basilia y Agustín en su escrito:

«…pues siendo sus fincas en origen de particular dominio cedidas, aunque al ayuntamiento, para que las labren personas particulares, siguiendo la costumbre y posesión los que las labran de vender yerbas y rastrojeras, cuyo producto sirve a los mismos para pagar el arriendo y si no alcanza contribuye cada uno con la parte que le cabe, hasta cubrir el total arrendamiento proporcional a lo que ha labrado.»

Resumiendo: el recurso de Basilia y Agustín, el Consejo de Castilla dio la razón al ayuntamiento por intentar buscar el mayor beneficio para los vecinos.

El contrato de arrendamiento de los vecinos con el marqués finalizó en 1826 y es no es casualidad que un año más tarde en 1827 el marqués, previa autorización del Consejo de Castilla, relizara una última distribución de las suertes, algunas por que no eran labradas. Tampoco es casualidad que el marqués quisiera «beneficiar» a los vecinos de Malpica, en ese año de 1827, como estaba haciendo con los de San Martín, Santa Ana y Navalmoral con la concordia firmada por los pueblos.

Aunque algo más de un siglo antes, también podemos buscar un cierto paralelismo en el reparto de las tierras del quinto de Hornaguera Bajo con la reforma agraria de 1932. Una finca de un latifundista, un Grande de España, repartido con la supervisión del ayuntamiento entre pequeños labradores y braceros de Malpica, y es que la necesidad venía de lejos y el problema de reparto de la tierra se venía cocinando desde hacia tiempo hasta culminar, primero con la Reforma Agraria, desmantelada por la Guerra Civil y luego por Instituto Nacional de Colonización.

FUENTES:

.- ARCHIVO HISTORICO NACIONAL, CONSEJO3636, Exp. 9

.-.- Talavera Almendro, A. EL ESTADO DE MALPICA Y VALDEPUSA. Ediciones ENDE. 2016

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