Mariano Rodríguez Gómez «El Piqueta» una historia de la posguerra.

El 24 de noviembre de 1952, Mariano Rodríguez Gómez fue liberado del penal de El Puerto de Santa María (Cádiz). Al salir, le entregaron una cartilla de ahorro y unos billetes de tren con destino a su pueblo, San Martín de Pusa. En su casa de la calle Toledillo, 14, le esperaban su esposa, Dionisia Iniesto Jerez, y sus cinco hijos (Claudia, Mariano, Pilar, María y Carmen).

Esta es la historia de Mariano Rodríguez “El tío Piqueta”. Una historia que no difiere de la de otros muchos perdedores de la Guerra Civil. Para ellos, el 1 de abril de 1939 no marcó el final del conflicto, sino el comienzo de su calvario particular.

Mariano y DIonisia, posiblemente de novios.

Los hechos juzgados.

Tras la Guerra Civil, se produjeron muchas denuncias contra personas de izquierda. En muchos casos como una forma de escarmiento por lo ocurrido en la zona republicana. Surgieron envidias y ajustes de cuentas. Se buscaron chivos expiatorios para calmar el dolor de las familias de los que fueron ultrajados o asesinados por el bando republicano. Los hechos delictivos ocurridos durante la guerra se consideraron, generalmente, como actos de guerra, incluso delitos menores como el robo de gallinas o aperos de labranza. Por esta razón, los juicios recaían en los Tribunales Militares, con poca o ninguna garantía para el acusado.

Así fue como Mariano terminó en prisión. Los hechos por los que fue juzgado, según la sentencia, fueron los siguientes:

«…el procesado Mariano Rodríguez Gómez, de antecedentes izquierdistas, al iniciarse el Glorioso Alzamiento Nacional, fue miliciano armado en el pueblo de San Martín de Pusa. Dicho encausado, en los últimos días de mil novecientos treinta y seis, en compañía de un cabo del Ejército Rojo, se presentó en la labranza de Pedro Ortiz Romero, procediendo al robo de unas gallinas y a la detención de este señor, al que montó en las ancas de una caballería, llevándolo a unos cuatro kilómetros de distancia, donde dicho señor fue asesinado.»

Pero analicemos lo que la documentación nos dice de los hechos:

Pedro Ortiz Romero era natural de Los Navalucillos, vivía en la calle Cruz Blanca, n.º 12, y de oficio arriero. No tenía afiliación política ni había participado en actividades políticas.

En la Causa General de Los Navalucillos, realizada por el Ayuntamiento en 1940, seis años después de los hechos, los familiares informaron que Pedro Ortiz Pinto había aparecido asesinado, pero desconocían cuándo, ni quiénes fueron los autores. Según esta información, su defunción estaba registrada en Villarejo de Montalbán y fue enterrado en San Martín de Montalbán.

En la Causa General de Villarejo no aparece nada al respecto. Sin embargo, en la de San Martín de Montalbán se indica que apareció muerto en Retamosillo, un paraje de su término municipal. También se afirma que se desconocen la fecha y los autores y que un hijo del finado registró la defunción en San Martín de Montalbán.

Para aumentar la confusión, en 1944, una vez juzgado Mariano, el juez municipal de San Martín de Montalbán, a petición del Fiscal de la Causa General, informó que no había fallecido ningún vecino llamado Pedro Ortiz Pinto, pues hubo una confusión con su segundo apellido en la Causa de Los Navalucillos. Sin embargo, sí apareció de muerte violenta un individuo llamado Pedro Ortiz Romero. Es decir, con la sentencia ya firme, en la Fiscalía dudaban no solo de la identidad, sino también del origen del fallecido.

En la sentencia, Mariano no fue acusado ni condenado por asesinato, pues nadie pudo testificar que fuera el autor. Ni siquiera se menciona el nombre del supuesto cabo del Ejército Rojo que lo acompañaba. Aun así, fue condenado el 28 de julio de 1943 en Consejo de Guerra a la pena de muerte por el delito de «adhesión a la rebelión”. Este delito se aplicaba a todos aquellos procesados que habían su ayuda a la causa republicana de forma continuada mediante hechos. Si la ayuda fuera de forma discontinua, el delito era de “auxilio a la rebelión” y sus penas eran menores. Aclarar que en la Causa General de San Martín de Pusa, Mariano no aparece como autor o coautor de ninguno de los hechos delictivos que en ella se describen.

La sentencia y su cumplimiento.

Mi padre contaba que Dionisia, la esposa de Mariano, fue varias veces a Madrid para solicitar la conmutación de la pena en el mismísimo Palacio de El Pardo, donde la detenían y la invitaban a regresar a su casa.

En agosto de 1943 se suspendió la ejecución de la sentencia, mientras se elevaban los fundamentos a una instancia superior.

Fueron meses duros de espera en la casa de Toledillo, en San Martín, hasta que finalmente recibieron la noticia de la conmutación de la pena de muerte por 30 años de reclusión mayor, firmada por Franco el 12 de noviembre de 1943.

A Mariano le esperaba una condena larga y dura. Ya había pasado por las prisiones de Talavera y Toledo, y pronto formó parte del programa franquista de Reducción de Penas por el Trabajo. Fue trasladado al Destacamento de Penados de Alcaudete de la Jara, donde permaneció del 17 de julio al 16 de octubre de 1944.

Entre las historias del pueblo sobre el tío Mariano “El Piqueta”, se decía que algunas noches dormía en su casa con su familia y regresaba a la cárcel a medianoche. Aunque parecía inverosímil, podría ser cierto durante su estancia en Alcaudete, debido a la proximidad al pueblo, y habría necesitado la ayuda de algún vigilante.

De Alcaudete, fue enviado al Destacamento de La Jarilla, en Chozas de la Sierra (hoy conocido como Soto del Real), en la provincia de Madrid, donde participó en la construcción de la tercera fase del ferrocarril Madrid-Burgos, y de allí se fugó.

Parte de cómo se consumó la fuga.

El 1 de enero de 1945, tras la cena de Nochevieja, protagonizó una fuga con otros presos. La Guardia Civil de San Martín de Pusa recibió un telegrama para que lo detuvieran si aparecía en el pueblo y controlaran la correspondencia de su esposa.

Telegrama enviado al cuartel de la Guardia Civil de San Martín de Pusa.

No llegó a San Martín. Fue detenido el 10 de enero en El Casar de Escalona junto con otro fugitivo, Domingo Cabezudo Salazar natural de Montijo (Badajoz). Inmediatamente. Fue trasladado a la Prisión Provincial de Toledo, donde permaneció hasta el 6 de junio de 1945, cuando fue enviado a la Prisión Central de Chinchilla (Albacete). Como dato curioso, la Prisión Provincial de Toledo remitió a Chinchilla 32,72 pesetas a favor de Mariano por la liquidación de su estancia en el Destacamento de Alcaudete de la Jara.

Mariano permaneció en Chinchilla hasta el 5 de marzo de 1946, cuando ingresó en la Prisión Central de El Puerto de Santa María en Cádiz, con el sello de “evadido” o “fuguista”, lo que implicaba ser considerado un recluso de riesgo.

Los beneficios penitenciarios y el regreso a casa.

No obstante, en todas las instituciones penitenciarias por las que pasó, la conducta de Mariano fue calificada de buena o muy buena. Probablemente, esto y las nuevas leyes de perdón que aprobó Franco por la presión de la Comunidad Internación, tras la finalización de la II Guerra Mundial, motivó que en agosto de 1947, la dirección de la cárcel solicitara su indulto al Capitán General de la Primera Región Militar, el General Muñoz Grande. Sin embargo, el indulto fue denegado en noviembre de 1947, un golpe desmoralizador para Mariano y su familia.

El 5 de octubre de 1950, durante su estancia en El Puerto, Mariano fue trasladado a Madrid para una operación en el Hospital Eduardo Aunós, en el complejo penitenciario de Yeserías. Fue dado de alta el 14 de noviembre de 1950 y permaneció en prisión en Madrid hasta el 12 de diciembre de 1950.

A comienzos de 1951, se iniciaron nuevamente trámites, en este caso para que se le concediera la libertad condicional. El 12 de enero de 1951, el director de la prisión de El Puerto se dirigió a la Junta Provincial de Libertad Vigilada de Toledo mediante un telegrama.

La Junta de Toledo debía consultar al Ayuntamiento de San Martín de Pusa, quien podía dar su aprobación e informar si quería que residiera en el pueblo o que fuera desterrado. Esto  último no sucedió, y el 26 de enero, la Junta de Toledo informó que no existía inconveniente para aplicar los beneficios de libertad condicional a Mariano Rodríguez Gómez y que no había restricciones de residencia.

Así, Mariano pudo regresar a su pueblo doce años después. Imagino que esos primeros días debieron ser de alegría, mezclada con la incertidumbre sobre  como sería su acogida en el pueblo y la posibilidad de encontrar trabajo para mantener a su familia. Nadie lo responsabilizó de nada. Rehízo su vida y tanto él como su esposa vivieron en San Martín el resto de sus días.

Es justo recordar estas historias, como testimonio de aquella posguerra y de lo que sufrieron su gente.

Por la memoria de todos aquellos “Marianos” que se llevaron su historia con ellos.

FUENTES:

.- ARCHIVO DE LA PROVINCIA DE CADIZ. Sección Cárcel del Puerto de Santa María. Caja 24644. Exp. 21.

.- ARCHIVO HISTORICO NACIONAL. FC. Causa General. San Martín de Pusa, Los Navalucillos, Villarejo de Montalbán y San Martín de Montalbán.

.- FOTOS

.- Foto de Mariano y Dionisia facilitada por Aurelio Muñoz Rodríguez, su nieto.

.- Foto de portada la cárcel de El Puerto de Santa María.

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