La venta de la fuente de la plaza de San Martín de Pusa en 1553.

Existe en la plaza de San Martín de Pusa una fuente denominada popularmente “El Caño”, su construcción data de 1908, sin embargo, en una ubicación muy próxima a la actual fuente, existió otra fuente bastante similar.

En la primera mitad del siglo XVI, don Francisco de Ribera realizó una captación de agua, que aún hoy se conservan, en el valle de Valdelpozo, próxima al camino de Villarejo, para poder dar agua a sus casas de la plaza y a los vecinos. Por un acuerdo se estipuló que el agua sería la mitad para el señor y la mitad para el Concejo, es decir, el pueblo.

La construcción de la fuente la costeó el Concejo y para ello tuvo que sacar trigo de la cilla de la villa, posiblemente a modo de préstamo que pensaría devolver con el tiempo.

Pero en 1553 el Concejo realiza una petición a don Francisco de Ribera para que, si lo desea, tome el agua de la fuente:

“… En la villa de San Martín de Valdepusa a 21 días del mes de septiembre de 1553, por ante mi Juan Giménez, escribano público de dicha villa, estando presentes en el juzgado de dicha villa a campana tañida como lo han de uso y costumbre el señor don Francisco Serrano, Alcalde Mayor de la villa y los señores Francisco Gutiérrez, Alcalde é Juan Gómez é Martín García Regidores é Antón Muñoz, Alguacil é Diego de Illán de Vacas é Antón de Cebreros, é Juan Sánchez Pulido é Bartolomé Gutiérrez é Blas Gómez é Francisco Roncero é Juan de Miguel Sánchez e otro muchos vecinos de esta villa, Pero Giménez de Sotomayor, contador de don Francisco de Ribera, mi señor e señor de esta villa dijo: que por una petición de este Concejo al dicho don Francisco, mi señor, le fue pedido a su merced fuera pedido de tomar la parte y mitad del agua de la fuente que este concejo tiene en la plaza, mandando pagar a dicho concejo lo que tiene de coste la dicha fuente…”

¿Por qué el Concejo de San Martín y los vecinos ofrecieron la venta del agua y de la fuente?, pues como ocurre actualmente con muchos ayuntamientos para intentar solventar las problemas económicos del consistorio.

De hecho, la respuesta de don Francisco de Ribera, no deja lugar a la duda:

“…don Francisco, mi señor es servido en tomar en sí la dicha parte que tiene en la dicha fuente este Concejo, para meter en su casa e hacer lo que fuere servido e la mandará pagar lo que tiene gastado en la dicha fuente y su parte dándole en dinero lo que en dinero gastara y volviendo en trigo a la cilla el pan que de ella se sacó para estos gastos de manera que este Concejo quede saneado e pagado de todos los gastos que así hizo…”

Para ello, don Francisco manda a su contador junto con varios miembros del Concejo y algunos vecinos como testigos que hagan una valoración de lo que costó la construcción de la fuente. Por esta valoración, en la que se describe como era la fuente, podemos decir que era bastante similar a la actual y a la existente en el patio del palacio.

… y hallaron que la dicha fuente que el dicho Concejo tiene en la plaza de esta villa, con el pilar é piedras é basas é chapitel é todo el edificio de ella costó al dicho Concejo, hasta el estado que ahora está, 150.035 maravedís…”

Ya tenían la valoración de la venta del agua del Concejo con su fuente, ahora faltaba la forma de pago y aquí es donde surge un nuevo protagonista en esta historia, se trata de una mujer vecina de Talavera llamada Isabel de Céspedes.

Todo hace pensar que el señor de Valdepusa, ésta señora y el Concejo habrían hablado anteriormente del motivo de la venta y como se iba a realizar el pago de la misma. Isabel de Céspedes debía que cobrar unos tributos sobre los bienes de ciertos vecinos de San Martín, desconocemos si era una recaudadora de impuestos, al parecer los vecinos depositaron el pago de los mismos en el Concejo, quien se les debía de entregar a Isabel, pero no lo hizo, pues con el dinero de los tributos más el trigo que sacaron de la cilla costearon la construcción de la fuente de la plaza.

El problema en que se estaba metido el Concejo era bastante importante, en primer lugar, hizo una apropiación indebida de los impuestos recaudados. En segundo lugar, los vecinos seguían manteniendo la deuda con Isabel de Céspeces a no haber llegado el dinero a ella y por lo tanto, los tributos seguían pendientes sobre los bienes de los vecinos, y si todo eso fuera poco, resulta que el Concejo de los quinientos ducados recaudados, trescientos les gastó en la fuente y doscientos se le entregó a don Francisco de Ribera para su custodia.

Por todo ello, don Francisco de Ribera, consciente de la importancia del asunto, que también le salpicaba a él, establece la siguiente forma de pago de la citada fuente:

“… e agora el dicho señor Francisco de Ribera les quiere dar é pagar é da é paga los dichos 151.035 maravedís en esta manera 300 ducados que por el dicho Concejo se obliga a pagar a Isabel de Céspedes, vecina de la Talavera, por los cuales el dicho Concejo le había impuesto cierto tributo… el dicho tributo fue impuesto sobre los bienes de los dichos particulares, pero ej verdad los dichos 300 ducados recibió el dicho concejo, é se gastaron en el edificio de la fuente, é por esto el dicho don Francisco ha quedado e queda de los dar e pagar a la dicha Isabel de Céspedes juntamente con otros 200 ducados que se tomaron juntamente con los 300, porque fueron 500 ducados los que se tomaron de la dicha Isabel de Céspedes y entretanto que no les pagare é ahorrare a paz é a salvo el dicho Concejo e a los particulares, sobre cuyos bienes está impuesto el tributo, de manera que no paguen ni gasten cosa alguna según consta por una cédula del dicho señor don Francisco de Ribera, firmada de su nombre que está en poder del dicho Gerónimo Hernández, procurador, entre las escrituras del dicho Concejo.”

Como vemos el señor feudal, don Francisco de Ribera, sale en ayuda del Concejo y de los vecinos de su villa, pero lo cierto es que también salía en su propia ayuda, toda vez que el tenía en sus arcas 200 ducados que correspondían a Isabel de Céspedes.

Pero el pago de la venta de la fuente aún no estaba concluido, pues había una parte del mismo que se tenía que entregar en trigo, para reponer el que habían sacado de la cilla, por lo que don Francisco de Ribera se compromete a que su mayordomo entregue a la cilla 283 fanegas y 4 celemines y medio de trigo que a la razón de cuatro maravedís la fanega hacían 38.539 maravedís que junto con los 300 ducados que don Francisco pagaría a Isabel, harían un total de 151.035 maravedís, de los cuales “se dan y otorgan por contentos é pagados é entregados.”

Así parecería que el asunto habría concluido, pero las artimañas financieras de don Francisco de Rivera hicieron que la venta de la fuente de la plaza de San Martín no finalizase hasta pasado veintidós años, concretamente hasta 1575. ¿Y cómo pudo ser eso posible? Pues porque don Francisco de Rivera negoció con Isabel de Céspedes que la deuda de los quinientos ducados fuera convertida en un censo (un préstamo) que Isabel de Céspedes haría a favor de don Francisco de Rivera y del que el señor de Valdepusa estuvo pagando sus réditos (intereses) hasta que se redimió (se cancel) por medio de una carta de pago extendida por Nicolás de Céspedes.

Antes como ahora la mala administración de los bienes comunes por parte de los ayuntamientos solo redundan en el empobrecimiento de los servicios que se prestan a los ciudadanos. Los vecinos de San Martín se quedaron sin su fuente pública en la plaza, aunque los señores de Valdepusa, tuvieron la servidumbre de darles el agua de la fuente del patio de palacio a los vecinos. Servidumbre que también acabaron quitándola en 1776.

FUENTES:

Archivo Histórico de la Nobleza. Escritura de cesión y carta de pago de la fuente situada en la plaza de San Martín de Valdepusa (San Martín de Pusa, Toledo), otorgada por su concejo a favor de Francisco Barroso de Ribera. Signatura: ARION,C.13,D.58-59.

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