Quien conozca Malpica puede decir que es pueblo próspero. Pero no siempre fue así, pues debe su prosperidad a los avatares políticos de este país en el pasado siglo XX
En la II República con la aprobación de la Ley de Reforma Agraria, propició que en Malpica y en otros pueblos se realizara un reparto de tierras de algunos de los quintos de Valdepusa entre las Comunidades de Campesinos creadas al efecto. Estos repartos se realizaron, principalmente, entre jornaleros sin tierra.
La Guerra Civil interrumpió y desmembró esas Comunidades de Campesinos y tras la victoria del ejército nacional y la implantación del régimen de Franco, que asumió la falta de tierras en el municipio, continuó, aunque desde otra óptica política muy diferente, parte de la iniciativa que había nacido con la Reforma Agraria de la República. El Instituto Nacional de Colonización (INC), incluyó a Malpica en sus proyectos, intentando evitar el problema social que hubiera supuesto tener un pueblo prácticamente de jornaleros, en el que su máximo empleador era el marqués de Malpica y sus arrendatarios.
El proyecto del INC, incluía el reparto de una pequeña parte de las tierras que eran del marqués de Malpica, (sin duda el más beneficiado, pues fue indemnizado la República y más tarde por Franco), que habían formado parte de la Reforma Agraria, a parte de los vecinos de Malpica (previa purga política). Crearon la nueva población de Bernuy y al plan de regadíos de Canal de Castejón.
Sin embargo, hasta la llegada de la II República, parecía como si en Malpica la propiedad de la tierra y de las viviendas aún no hubieran salido del antiguo régimen feudal. La casi totalidad de la tierra era del marqués, y no solo las tierras, también las viviendas, que seguían grabadas con la antigua carga del pago al marqués de una gallina anual por cada casa.
Esa servidumbre había desaparecido un siglo antes, en 1827, en los pueblos de San Martín, Santa Ana y Navalmoral de Pusa, con la firma de una Concordia.
En el caso de las tierras también había una diferencia notable entre Malpica y los pueblos de Valdepusa sobre su propiedad y su usufructo.
Mientras que los vecinos de Valdepusa (San Martín, Navalmoral y Santa Ana) habían recibido la tierra en “cuasi propiedad”, pues en los diferentes repartos que les concedió el señor feudal los siglos XV y XVI, por medio de sus cartas pueblas, lo que se les entregaba era “para ellos y sus sucesores para siempre jamás”, con la única carga de pagar el dozavo de los granos y semillas; en el caso de Malpica, el reparto de las suertes de 1638 se realizó a petición de los vecinos, porque las tierras hasta entonces se sorteaban anualmente y solicitaban que se repartieran, como en el caso de Valdepusa “para siempre jamás”, pero la diferencia, como veremos, era notoria.
A los vecinos de Valdepusa se les reconocía que las tierras podían ser heredadas, vendidas o enajenadas, cumpliendo con una serie de condiciones, así lo describe la carta puebla fundacional de Santa Ana:
“Que pasados los dichos diez años dende en ádelantte soi os fuerades é desavecinderades, del dicho Lugar que no por eso perdáis las casas, ni viñas, ni Guertas, ni Guerttos, ni tierras que tuvieredes, antes los podades vender, é enajenar, é usar de ello como de cosa buestra, propia, conforme a la dicha carta Puebla de la dicha villa de San Martín, e como conforme aquella lo pueden facer los dichos vecinos de San Martin é no más, ni allende.”
Por lo que en Valdepusa se hicieron ventas de tierras, siempre con la servidumbre del dozavo. Un ejemplo de ello lo tenemos en Santa Ana, pues a los pocos años de su fundación, en 1538, Francisco Martín había vendido una fanega y media de tierra a Francisco García, un mercader, vecino de Talavera.
En cambio, en las tierras de Malpica, el señor feudal disponía de un dominio pleno, y al no tener reconocidos los vecinos derechos similares a los de Valdepusa, las tierras del término fueron repartidas en varias ocasiones, pero solo para su usufructo.
En la solicitud de reparto de 1638, los vecinos de Malpica se resistían a no disponer de tierras en esa “cuasi propiedad” que disfrutaban los pueblos de Valdepusa y de esta forma se lo pedían al marqués:
“Pedimos y suplicamos ante tales razones se sirva darnos licencia para que las suyas tierras se repartan propiedad entre los vecinos de esta villa, con la carga del dicho dozavo…”
Como ya vimos en un artículo anterior, el marqués les dio licencia y se hizo el reparto, pero en relación con la propiedad quedó como estaba, por mucho que el concejo y justicia de Malpica en la carta de solicitud de aprobación de las suertes repartidas dijera:
“…ponemos en manos de V.I., a quien suplicamos sea servido de aprobar para siempre jamás con el cargo y tributo del dozavo y que como tales dueños puedan disponer de ellas pues todo resulta en provecho de V.I…”.
Pasó un siglo y medio, y allá por el último tercio del siglo XVIII, en los pueblos de Valdepusa, se había establecido ya una importante burguesía agraria y funcionarial, cuyas haciendas se iban incrementando por la adquisición de tierras y a su vez, esa burguesía acaparaba muchas veces puestos de relevancia de los concejos.
Un ejemplo de ello lo tenemos en el Catastro de la Ensenada de 1751, el mayor hacendado de San Martín, Francisco Ruiz de Agüero, a su vez administrador de las rentas del marqués en esa villa, declaró que tenía:
- Dos criados para la casa
- Un par de mulas
- Diez pares de bueyes
- Otros dos pares de bueyes ya viejos
- Un par de pollinos para la servidumbre
- Un mulero, un bueyero, dos zagales, un borriquero, un criado de la casa, un mayoral de ganado, un zagal de ganado
- 118 fanegas de tierra, 847 olivos y 12.000 cepas.
- 220 cabezas de ganado lanar.
- Dos labranzas y una calera.
Muchos de estos hacendados se habían servido de sus cargos en los concejos, o en las mayordomías de cofradías, para acaparar tierras. Mas tarde, con su influencia en los concejos instaban a pleitear contra el marqués, como ocurrió con el pleito presentado en 1771 por el ayuntamiento de Navalmoral de Pusa por la treintena de la aceituna.
Pero mientras que en los pueblos de Valdepusa, encabezados por Navalmoral de Pusa, empezaba a ver un cierto rechazo, influenciados por las nuevas ideas liberales, a la opresión que ejercía el feudalismo, en Malpica, donde esa opresión se ejercía con más rigor, los labradores solicitaban en noviembre de 1775 un nuevo reparto de las tierras al marqués.
En la carta encabezada por “la Justicia, Regimiento, Diputados y Síndico del Común de los vecinos de la villa de Malpica”, los vecinos labradores hacían esa nueva solicitud para: “…remediar los agravios y quejas de los mismos por creerse unos con más pares de ganados con menos tierras que otros con menos labor.”
En 1638 en Malpica el repartimiento se realizó entre los 97 vecinos de la villa, casi un siglo y medio más tarde, en 1775, eran solo 20 los vecinos labradores que solicitaban el reparto, incidiendo que se mejorara a aquellos que disponían de más pares de ganado de labor.
¿Y la propiedad de la tierra?, pues sobre la propiedad de la tierra no hubo discusión, los propios labradores de Malpica hipotecaron la tenencia de las tierras para décadas posteriores, toda vez que la carta de solicitud pareciera haber sido redactada por el mejor consejero del marqués, así definen los solicitantes como quedaría la propiedad:
“…y acordaron que hacer presente a su experimentada piedad, que siendo así, que por el dominio directo que V.Ex. tiene en todas las tierras el Estado de Malpica le corresponde repartir las tierras concedidas entre los labradores, vecinos de esta villa, y estos en virtud y reconocimiento de tal dominio y señorío contribuyen y han contribuido de inmemorial con el dozavo de sus frutos; era o juzgaban más útil a V.Ex. y sus vasallos que el repartimiento que se efectuase de las tierras de labor se hiciese con equidad y respecto de los pares de ganados que cada vecino tenga para su cultivo, y a las que a cada uno se les conceda o se les reparta haya de concedérsele su aprovechamiento por el tiempo de su vida, sin que por ello adquieran propiedad, dominio o cuasi domino, sobre el que V.Ex. tiene.”
Posiblemente la carta se realizó con el consejo del administrador del marqués, Francisco Ladrón de Guevara, para que pudiera ser aprobada, pues no deja de ser curioso que los malpiqueños de 1638 solicitaran la propiedad y en 1775 asumieran ser exclusivamente usufructuarios de la misma únicamente de por vida. Hasta propio marqués en su respuesta de aceptación les agravia con respecto a los pueblos de Valdepusa, donde, como dijimos, las tierras eran heredades y vendidas:
“…así mismo es mi voluntad les gocen y disfrute todo el tiempo que vivan, y sin decadencia las puedan mantener, y sin que las puedan disponer, ni pasar el dicho repartimiento a sus herederos, sin que proceda mi consentimiento y voluntad.”



Posteriormente se hizo un censo de los labradores con los pares de ganado de labor que cada uno tenían y de las fanegas que labraban. Los labradores con más pares de ganado de labor eran Manuel González, con cinco pares y labraba unas 121 fanegas de tierra y Juan Cano, también con cinco pares, que labraba 44 fanegas y 86 olivos.
Y aunque el repartimiento de 1775 y hechos posteriores darían para más de un artículo, con una temática similar; la del sometimiento y trato que el marqués daba a los vecinos de Malpica en comparación con los de los pueblos de Valdupusa, este reparto supuso que aumentaran las diferencias sociales entre Malpica y Valdepusa. Ya en el siglo XIX, con la firma de la Concordia de 1827, San Martín, Navalmoral y Santa Ana ganaros ciertos derechos al marqués, que en el caso de Malpica no se consiguieron hasta la llegada de la Reforma Agraria.
Dada la situación social de Malpica en la II República, una sociedad formada prácticamente por: jornaleros, unos cuantos criados del marquesado y unos pocos labradores que trabajaban tierras arrendadas al marqués, en el proyecto de Reforma Agraria para Valdepusa, que el Instituto para la Reforma Agraria realizó, Malpica fue el único pueblo que asentó y repartió tierras a todos los vecinos que se habían inscrito. Se podría decir que se cumplió el deseo que los malpiqueños llevaban anhelando siglos.
No cabe duda los malpiqueños sufrieron el feudalismo hasta un siglo después de la caída del Antiguo Régimen feudal, quizás ese atraso en poseer la propiedad de la tierra, es probable, aunque sea triste admitirlo, que les sirviera para conseguir esa prosperidad de la que hablábamos al principio.
FUENTES:
.- Archivo Histórico de la Nobleza. Signatura: ARION,C.21,D.5-6
.- Archivo Histórico de la Nobleza. Signatura: ARION,C.29,D.14-18
.- Foto del Diario de Badajoz.
