Labranzas, casas, pozos, fuentes, acequias y eras. Un patrimonio casi desaparecido.

Es mucho el patrimonio rural que se ha perdido con el paso del tiempo, sobre todo desde que la agricultura se mecanizó y la ganadería extensiva prácticamente ha desaparecido. Si vemos algún mapa de finales del siglo XIX y principios del XX, podemos comprobar lo poblado que estaba el campo.

Además de las labranzas, casas de guardas y otros edificios existentes en cada quinto de Valdepusa, existían otras construcciones que salpicaban el término de San Martín, como eran: las labranzas; las casillas que proliferaban en la zona de Las Viñas; las casas que daban servicio a huertas; las de los peones camineros e incluso las relacionadas con baños medicinales o la fabricación de cal.

Existe otro patrimonio con el que el tiempo y la mano del hombre tampoco ha tenido piedad, nos referimos a infraestructuras como: los pozos, las norias, los manantiales, las acequias, las eras, los molinos e incluso los palomares. Recordaremos algunas de ellas.

Labranzas, casas y casillas.

Hemos realizado una pequeña relación de labranzas, casas y casillas que encontramos en los mapas de finales del siglo XIX y primera mitad del XX. Evidentemente no están todas, pero si nos pueden servir, primeramente, para tener una visión de las edificaciones que existían y en segundo lugar por si alguien se anima a visitar aquellas que se encuentran semiderruidas o en ruinas y así retroceder en el tiempo e imaginar la vida de nuestros antepasados.

El cuadro ha sido confeccionado por los datos de la cartografía antigua del Instituto Geográfico Nacional (IGN).
Mapa de 1882 donde se aprecian algunas de las labranzas y casillas recogidas en el cuadro anterior.

Algunas casillas no estaban recogidas en esos mapas, como por ejemplo la Casa de la Viña en Vallejado, que aparece en una antigua foto publicada en la revista Toledo, desde el interior de la Labranza San Isidro y cuyas ruinas aún se aprecian desde google maps.

Pozos.

Como ya hemos visto la mayoría de labranzas y casas estaban acompañadas de pozos, tanto para el servicio de la casa como para los animales. Algunos de estos se les incorporó una bomba de mano para extraer el agua. En muchos casos los pozos de las casas de las huertas tenían acopladas norias para sacar el agua, toda vez que se regaba por inundación.

Antiguo pozo con cerramiento de ladrillo y mortero de cal y arena.

Fuera del casco urbano existían pozos aislados para dar agua a las caballerías o el ganado, que servían de abrevaderos en zonas de cultivo alejadas y pastos alejados. Los pozos estaban acompañados de pilas, que en muchos casos fueron las primeras en desaparecer.

De estos pozos aislados podemos citar: el de El Polo, Los Barreros, el de Los Rochales, el del valle del Nogal, etc. Algunos de ellos ya han desaparecido.

Luego tenemos otros singulares, son los situados en el paraje de Las Viñas, de menos profundidad, toda vez que en algunos casos fueron manantiales o fuentes convertidas a pozos para que cogieran un mayor almacenamiento de agua, como por ejemplo algunos existentes próximos a la Peña del Cuervo.

Por último, podemos incluir los pozos públicos, antiguamente llamados del Concejo, la mayoría en el casco urbano, como el Pozo Nuevo, el llamado El Arca, que aún da agua a través de un acueducto a la Fuente Chica o las denominadas “Bombas”, junto al arroyo.

Acequias.

Acequia oculta de El Molinillo.

Dentro de las acequias mancionamos las dos más importantes. La primera la que conducía el agua hasta el molino harinero denominado El Molinillo, dataría de la fecha de la construcción del molino, en 1788. Esta acequia tomaba el agua de una pequeña presa sobre el arroyo Navajatas, unos doscientos metros más arriba del molino, y discurre pegada a la margen derecha del mismo. En la última parte de recorrido se mantiene tapada con unas losas de granito. Su situación actual es de prácticamente abandono y semioculta por los corrimientos de tierra y la maleza.

La otra acequia es la que aún hoy existe en parte es la que se encuentra sobre el margen izquierdo del arroyo Navajatas próximo a su desembocadura en el Pusa y que servía para dar agua a una huerta próxima que perteneció a Juan Jerez. Esta acequia probablemente sea de época alto medieval, toda vez que su construcciòn está realizada con canto rodado y mortero de cal y arena al igual que las ruinas de Mozárabe o los restos de edificaciones próximas de El Conventillo.

Acequia paralela al Navajatas, junto al Coventillo.

Luego quedan resquicios, como por ejemplo en el arroyo Robledillo de pequeñas acequias para huertas, realizadas en ladrillo y de canal bastante estrecho que solían conducir el agua sacado por una noria hasta una alberca, como almacenamiento para el riego.

Fuentes.

La Fuente Chica.

Dentro de las fuentes podemos destacar la Fuente La Teja, próxima al arroyo Navajatas por debajo de la Labranza San Isidro; la ya comentada Fuente Chica, a la salida del pueblo próxima al camino de Navachorchos; la Fuente del Cazo próxima al Molinillo, la Fuente de Pastora, hoy prácticamente cegada, por debajo de el Cerro del Marqués; la Fuente de la Piedra Llana en la Fuente Santa y, entre otras, no podemos olvidar la Fuente del Pusa, próxima al Molino Blanco y al puente del río, ni el Caño de la Matalobos, que al fin y al cabo no deja de ser una fuente cuyo manantial, próximo a la Labranza de El Caño, envía el agua canalizada hasta el caño.

Algunas de ellas necesitarían ser saneadas, tener un acceso accesible y todas deberían estar señalizadas.

Eras.

Otra de las infraestructuras que casi han desaparecido han sido las eras, bien porque se han sufrido el peso urbanístico y en ellas se han construido viviendas o naves o bien porque, las más próximas a antiguas labranzas, han sido descantadas y convertidas en tierras de labor. San Martín, al ser un pueblo rodeado de cerros en todos ellos existían eras, las cuales diferían en su extensión dependiendo de la capacidad de trilla de cada propietario. Así por ejemplo, existían eras pequeñas de forma circular para la trilla de un par de mulas o burros, como la existente en el Cerro San Antonio, u otras de mayor extensión y de forma generalmente rectangular que podían acoger grandes morenas, parvas y peces de grano, una vez trillados. En aquellos lugares más propicios para el viento, se agrupaban eras de varios propietarios.

Resaltamos algunas de las eras, como las que existían junto a la carretera de Villarejo, denominadas Eras Altas; las próximas a la zona de El Cerrillo y el camino de las Cabreras, llamadas las Eras Bajas y algunas otras como las existentes en el Cerro de Las Cruces. Hoy solo quedan pequeños restos de algunas de ellas.

Gran mayoría de las labranzas y algunas casillas mencionadas en este artículo también disponían de eras, que como decíamos muchas fueron rotuladas. Una de las que perdura es la de la antigua labranza de La Parrilla, de aproximadamente 1800 m², aun pueden apreciarse su empedrado. Otras eras más modestas eran las que existían en la zona de Las Viñas, hoy aún se conservan dos de ellas. En estas pequeñas eras se trillaban las cosechas de centeno, habas, alberjones o garbanzo que allí se producían, y como vemos eran de forma más irregular.

Hasta aquí el resumen de estas infraestructuras que bien podrían formar parte de una lista roja local, en peligro de desaparición. Difícil es su conservación, entre otras cosas porque la mayoría son de propiedad privada, desde aquí lo único que podemos hacer es divulgar su existencia y el valor etnográfico que tienen, pues forman parte de una forma de vida que ya no existe y que tenemos la obligación de no olvidar.

FOTO DE PORTADA: Mapa de El Molinillo de 1881.

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