De La Matalobos a La Manzanera

El título de esta historia puede dar lugar a cierto equívoco, quizás alguien haya pensado que vamos a tratar una ruta o camino de un sitio a otro. No es así, vamos a contar la historia de una mujer que era conocida como “La Manzanera” y que dio nombre a la antigua labranza de la Matalobos, donde tenía importantes propiedades. Esa mujer era María Antonia Manzanero Montemayor.

María Antonia nació en 1811 en Valdelacasa, era hija de José Celedonio Manzanero Rodríguez y María Josefa Montemayor. Su padre fue el primer Manzanero que llegó en San Martín allá por 1807, donde ejerció como escribano durante varias décadas. Con la abolición del Antiguo Régimen y la desaparición de los escribanos, José pasó a ejercer como diputado provincial por el partido judicial de Navahermosa. Su única hija, Antonia, se casó con el talaverano Pedro Baños y Vega, quien fue regidor de Talavera, comerciante y corresponsal de suscritores del diario El Español en esa ciudad, un periódico de tendencia liberal. Tuvieron un hijo nacido en 1835 y también llamado Pedro. Un hermano de su marido, de nombre Juan, quien era abogado, fue también regidor y alcalde de Talavera entre 1840 y 1847. Por ello María Antonia vivió a caballo entre San Martín y Talavera, teniendo casa abierta con servidumbre en las dos poblaciones, en Talavera su casa estaba en la calle Corredera y en San Martín en la calle de La Mancha, donde su tía Josefa Hervás ejercía como ama de llaves, junto a una criada.

La vida de María Antonia estuvo marcada por la muerte de su hijo en 1847, a la edad de 11 años, y de su marido en febrero de 1848. También su cuñado Juan, falleció en ese fatídico año de 1847. Tras los luctuosos acontecimientos se quedó viviendo en San Martín hasta 1850 cuando pasó a residir a Talavera.

Con 38 años ya era viuda. Mujer con fuertes convicciones religiosas, ante las adversidades de la vida, se refugió en la religión, siendo asidua a realizar visitas y obras de caridad en diferentes conventos talaveranos.

El día 2 de septiembre de 1859 hizo testamento en la villa de Talavera. En su testamento muestra una gran generosidad hacia todos aquellos que formaron parte de su vida: su familia, tanto paterna como materna, la servidumbre, criados; personas de confianza, los pobres de San Martín y Talavera, como con las personas de las que era tutora y los conventos o instituciones religiosas a las que se encontraba más unida.

En su testamento dice que si falleciera en Talavera, como así fue, sea enterrada en el camposanto del antiguo Hospital de la Hermandad de la Caridad, en el suelo y lo más próximo al nicho donde están sus padres y marido, y si falleciera en San Martín en el camposanto de esa parroquia.

Entre las “mandas” de misas, ordena que se le digan cuatro misas de ocho reales de limosna al Santísimo Cristo de Valdelpozo, así mismo manda que el día de su fallecimiento o al día siguiente se repartan diez fanegas de trigo cocido (hecho pan) y mil reales a los pobres de la villa de San Martín, de igual forma manda mil reales a los pobres de Talavera y a cada uno de los conventos existentes en esa villa.

De los enseres de su casa en San Martín, “manda a las religiosas Bernardas de esta villa (se refiere a Talavera), una urna con dos niños (niños Jesús), con la mesa, los floreros con fanales y peanas que tengo en San Martín, y los cuadros de la Purísima y del Santo Cristo del Prado.”

Su religiosidad hizo que realizara varias mandas a conventos, iglesias, etc., pero también a determinadas imágenes a las que era devota: “Mando a Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza mi adenzo de diamantes y lazo; a Nuestra Señora del Prado de esta villa, mil reales de vellón para ayuda de un manto o lo que haga más falta a la Señora y al Cristo de Valdelpozo de San Martín de Pusa cuatrocientos reales, que se entregarán al cura párroco de aquella parroquia para emplearlo en lo que vaya necesitando el Santuario.”

Tenía tres ahijadas de nombre Vicenta, Visitación y Magdalena que habían cogido los hábitos en el convento de San Ildefonso de Talavera a las que les dejó diferentes enseres, ropas y cuadros, también, de su casa de San Martín. Se da la circunstancia que ese convento figura en el Catastro de Ensenada de San Martín, en 1751 como el propietario de la labranza de La Matalobos. Años más tarde sería adquirido por el padre de María Antonia.

Como veremos a continuación, son numerosas las personas que fueron beneficiadas con su testamento. Debía ser tan importante su capital, que, a varios de ellos, les deja una “onza de oro”, unos 28,35 g., que a precio de hoy, serían casi tres mil euros.

“A Don Plácido Herrero de Getafe, el reloj de mi hijo. A Doña Lorenza mi mantilla de encaje y el baso de plata que llevó mí hijo al colegio; a las niñas… una onza de oro y una sortija a cada una…, al huérfano que tengo recogido en casa y que llaman “tambor” cuatrocientos reales.”

A continuación, comienza a realizar mandas a familiares y personas, algunas de San Martín, que son en las que pondremos mayor atención.“

«… a los chicos de mi prima Nicomedes (se refiere a Nicomedes Manzanero, hija de Alfonso Manzanero, hermano de su padre y alcalde de San Martín en 1838, quien mantuvo un pleito con el marqués de Malpica por llevarse piedras de Navacorchos para el castillo de Malpica), cien reales, a la Leandra, mujer de Justo, cien reales (se refiere a Justo Carriches y a su mujer Leandra Fernández), a Águeda Aranda, a su hermana Leandra y a su hermano Lino, cien reales a cada uno.”

En el testamento sigue acordándose de los pobres, en este caso de Talavera, y les deja mil reales al Hospital de la Beneficencia, no debía fiarse mucho de esta institución pues es la única a la que se refiere por escrito que la pidan recibo del dinero entregado. También deja una serie de ajuares y muebles a su criada Mauricia Olmedo. Mauricia debió ser muy importante en su vida, pues manda que se venda su casa de la calle Corredera de Talavera y que se invierta en sufragios por su alma, el de sus familiares y el de Mauricia.

A Juan Marín, vecino de San Martín le deja el olivar de la Cuesta Blanca, llamado El Abuelo, por los buenos servicios que siempre prestó en la casa. Además de un par de mulas, y si no las hubiere su valor en dinero y mil reales, y a su hijo Domingo Marín, cien reales. Julián Marín el mismo año del testamento en 1859, costeó, aproximadamente, el cincuenta por ciento de la obra que se hizo en la ermita del Cristo de Valdelpozo. Desconocemos si los mil ciento sesenta reales que aportó eran todos de su capital o también parte correspondería a María Antonia Manzanero, siendo como era su persona de confianza en San Martín.

Siguiendo con las mandas, deja a su tía Josefa Hervás, quien ejercía de ama se llaves en su casa de la calle La Mancha, mil reales y que se liquide lo que se la debe. A la hermana de ésta, Rita Hervás, la deja cien reales. A su prima (por parte materna) Josefa Montemayor, le deja un ajuar para cuando se case; a su doncella Petra Olmedo, le deja otro ajuar y cuatrocientos reales, pero… si cuando falleciera María Antonia, ya se hubiera casado, solo le deja cien reales. A Benigna, hermana de Petra otros cien reales. A su prima, Mercedes Manzanero una onza de oro y a su niño Antonino, trescientos reales.

La lectura del testamento vislumbra dos grandes beneficiados en el reparto: uno de ellos fue Eugenio Manzanero, que vivía en Granadilla (Cáceres) a quien además de darle una cantidad de reales como al resto de sus primos, en este caso trescientos veinte reales para él y cien para su mujer y cada uno de sus hijos, también le confió las tierras de San Martín, como veremos más adelante. En Granadilla tanía otra pima, casi con toda probabilidad hermana de Eugenio, era Vicenta Manzanero, a quien le dejó otros trescientos veinte reales, ciento sesenta a su marido y cien a cada uno de sus hijos.

A sus primos maternos, los Montemayor, generalmente les agració con onzas de oro, pero otro de los más beneficiados fue su primo Pio Montemayor, a quien le había prestado cinco mil setecientos reales para libarle como soldado, los cuáles si no les hubiera pagado, pide que se les perdonen y además le da otros trescientos veinte reales como a otros primos.

Pero volvamos a Eugenio Manzanero Montero, que así se llamaba. Como dijimos María Antonia le confió parte de sus propiedades, y digo confió, toda vez que se las dejó en usufructo, para el y sus descendientes:

“…con la circunstancia de esta manda de que la final de mi primo (es decir, su muerte), pasaran dichas fincas, también en usufructo a sus hijos, nietos y descendientes, siendo preferido para su disfrute el que fuere eclesiástico o el que se dedique a la carrera de la Iglesia, y cuando no quede ninguno (es decir, si no hubiera descendientes), se venderán las referidas fincas en subasta pública.”

Las fincas que dejaron en usufructo eran:.

.- ”Una labranza en el referido San Martín de Pusa y sitio de Matalobos, de cabida quinientas sesenta y cuatro fanegas de tierra.”

.- ”Una casa en citado pueblo que es la principal donde habito cuando estoy en el, con sus corrales y palomar, situada en la calle de La Mancha”.

.- ”Un olivar con cincuenta y un pies en el sitio del Águila”

.- ”Y un molino de aceite en el sitio se la calle Valdelpozo”

De esta forma la labranza de la Matalobos, pasó a llamarse La Manzanera nombre que daban en el pueblo a María Antonia. Hemos de recordar que la labranza de La Matalobos, en el siglo XIII era una pequeña aldea, que acabó absorbida por El Pozuelo, hoy San Martín.

Sin embargo, la cesión de las fincas a Eugenio Manzanero y descendientes conllevaba también unas cargas, al “productor”, como decía en su testamento esas cargas eran:

.- Celebrar anualmente en la iglesia parroquial de San Martín de Pusa un aniversario.

.- Celebra un aniversario mensual de vigilia.

.- Trescientas misas rezadas con limosna de seis reales.

.- Una misa cantada al Santísimo de Valdepozo el día de su festividad o al día siguiente.

Además de otras misas, manda que de la producción que saquen de las fincas repartan anualmente entre los pobres de San Martín cuatrocientos reales, la mitad por la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo y el resto a últimos de verano. Así mismo a la fábrica se la iglesia de San Martín le debería abastecer de ornamentos, oblatas y misto, y deberían dar sesenta reales al sacristán.

Parte de estas mandas se llevaron a efecto por Eugenio Manzanero y descendientes, a través de una Beneficencia, pues quedó recogida en el listado de fundaciones de beneficencia de España de 1908. La beneficencia de María Antonia Manzanero fue extinguida de oficio por la Delegación de Hacienda de Toledo en 1992.

Murió María Antonia en Talavera el seis de diciembre de 1862 a los 51 años de un derrame celebrar. Había hecho testamento cuatro años antes y según el mismo dejaba dicho que si no hubiera en el momento de su muerte suficiente dinero para cumplir con sus mandas, que sus testadores vendieran algunas de sus fincas en pública subasta, y así fue.

En 1863 salieron en pública subasta una finca en San Martín denominada la Labrancilla, de veinte fanegas de tierra y un olivar en el Cerro de Las Cruces de ocho fanegas de tierra con doscientas veintitrés olivas. Dichas fincas fueron adquiridas en la subasta por el marqués de Malpica el 10 de diciembre de 1863 por algo más de 21.000 reales, suma del montante de ambas fincas.

Hasta el día de hoy parte de esas tierras de La Manzanera siguen en manos de algunos descendientes de Eugenio Manzanero, dentro de las diferentes ramas de las familias Manzanero de San Martín, y eso es así porque una viuda y rica hacendada, llamada La Manzanera quiso dejar parte de su hacienda al primo que según ella, como labrador mejor producción sacaría de sus fincas y una parte de esos beneficios irían a pedir por su alma y hacer obras de caridad.

FUENTES:

.- Archivo Histórico de la Nobleza, Signatura: ARION,C.33,D169

.- Foto portada: Labranza La Manzanera. Foto Vuelo Americano 1956-1957.

.- Foto Jarrón, realizada por Félix Turiño. Museo Ruiz de Luna de Talavera.

Deja un comentario

logo tierra de Valdepusa

La historia nos hace conocer el cómo y por qué somos así y la influencia que los acontecimientos tienen en las futuras generaciones de los pueblos.

Contacto