A mediados del siglo XVI los vecinos de la villa de San Martín de Valdepusa y sus lugares de Navalmoral de Pusa y Santa Ana de la Bienvenida se sentían agraviados por ciertas obligaciones que les imponía el señor feudal y que, según los vecinos, no estaban contenidas en las diferentes cartas pueblas. Estos agravios fueron motivos de un pleito presentado por los pueblos contra el señor feudal.
Quizás para curarse en salud, el señor de Valdepusa, don Francisco de Ribera, quiso saber en el año de 1548 cómo había nacido la obligación de llevar a la ciudad de Toledo una carga anual de tres fanegas de trigo y cuatro de cebada, por parte de los vecinos de los pueblos a su cargo.
Exista una documentación al respecto que vamos a resumir a continuación. En la misma, aparecen algunas palabras ya en desuso como es el verbo maherir, cuyo uno de sus significados es “señalar”, o maherimiento, la acción de maherir, es decir: “señalamiento”. Otra de esas palabras es sonancho, que significa: “ensanchar” o “ensanchamiento”.
Posteriormente analizaremos algunas curiosidades e información que nos proporciona el documento.
El requerimiento del señor feudal
Don Francisco de Ribera mandó el 22 de junio de 1548 a su contador Domingo del Castillo ante el escribano de San Martín de Valdepusa, Juan Jiménez y ante su alcalde, Blas Gómez diciendo:
“que éste (el señor) quiere ser informado de dónde comenzó la obligación que tiene cada vecino de esa villa y su tierra de llevar tres fanegas de trigo y cuatro de cebada a Toledo a su cargo cada año y ciertos maherimientos (señalamientos), que se hacían en esta villa de los vecinos de ella y de su tierra para llevar algunas provisiones y cartas, y de sus bestias para llevar trigo, cebada, caza y otras cosas…, para una vez conocida la información proveer como convenga al servicio de Dios, al suyo propio y al pro y utilidad de sus vasallos. Para ello pidió tomen declaración a los testigos que presenten y se lo entreguen en pública forma”.
Por lo que Domingo del Castillo nombró una serie de testigos para interrogar. Éstos fueron: Tomé Sánchez, Diego Sánchez de Allendevacas y Francisco Hernández, vecinos de esa villa; Juan de Antona, habitante en Navajata; Francisco Sánchez, escribano de Navalmoral y Mateo de La Adrada, alcaide de Malpica, los cuales, habiendo jurado, declararon lo siguiente:
Declaración de Tomé Sánchez.
Dijo tener noventa años y acordarse “de los señores que fueron de este señorío y de las cosas de hombre de los setenta años a esta parte”, y conoció ser señor de esta villa y su señorío al mariscal Payo de Ribera, al obispo don Vasco y al mariscal Payo de Barroso de Ribera, padre de don Francisco. Y que sabe, porque lo vio, que don Payo de Ribera y el obispo don Vasco “nunca llevaron maherimiento ninguno ni le hicieron en esta villa ni en su tierra” porque si así hubiera sido él lo sabría.
“Y que después que sucedió en este señorío el dicho señor mariscal Payo Barroso de Ribera, padre del dicho señor don Francisco vio este testigo que maherían por su mandado, o de sus mayordomos o de la justicia a los vecinos de esta villa y de su tierra para ir a Toledo y a la su villa de Malpica y a otras partes a llevar aves, venados, jabalíes, pan, cartas y otras cosas que el dicho señor y los dichos sus mayordomos mandaban, llevando de los tales vecinos por los dichos maherimientos bestias y costales en que lo llevaban a donde les era mandado, esto a costa de los tales vecinos que manherían sin darles por sus trabajos ni de las dichas sus bestias cosa alguna”. Y que lo sabe porque él mismo fue manherido muchas veces.
“Y que sabe, porque lo vio, que algunos vecinos de esta villa, en el tiempo del dicho señor mariscal Payo Barroso de Ribera, entraron y tomaron fuera de los límites que a los vecinos de esta villa fue dado por carta puebla algunos pedazos de jarales y montes para rozarlos y abrirlos para labor de pan. Y que el dicho señor Mariscal se las quiso quitar porque las habían abierto sin su licencia. Y por que tuviesen los dichos sus vasallos más anchura a donde labrar y por otros respectos contenidos en la carta puebla de la dicha villa les hizo merced de cierto sonancho de tierras por ciertos límites y mojones como se contiene en la dicha carta puebla, dentro del cual dicho sonancho quedaron las dichas tierras que se habían abierto y roto sin licencia. De lo cual, así como de las otras tierras que antes tenían, pagaban y pagan el derecho del dozavo conforme a la dicha carta puebla”. Pero que las tierras del sonancho sólo las gozaron las personas que habían entrado a tomarlas, y no las gozaron ni el concejo de la villa ni las otras personas.
También sabe que los vecinos se sentían muy agraviados de los maherimientos y molestias que les hacían, y se concertaron con el Mariscal que les quitase los dichos maherimientos y a cambio se obligaron a llevar a Toledo tres fanegas de trigo y cuatro de cebada cada vecino a su costa anualmente, como se contiene en una declaración que don Payo Barroso de Ribera hizo ante Fernán Rodríguez de Canales, escribano del número de Toledo. Y que el que no lo llevase pagase tres reales si su mayordomo se lo pedía.
Y que esto es lo que sabe y que es “pública voz y fama en esta villa». No firmó porque no sabía
Declaración de Diego Sánchez Allendevacas
Vecino de la dicha villa, de 70 años “y dende arriba” dijo que hace más de cincuenta años que tiene memoria de las “cosas de hombre”, y que no recuerda haber conocido a otros señores de la villa más que al mariscal Payo Barroso de Ribera y al actual, don Francisco de Ribera. Y que sabe que fue el Mariscal quien impuso los dichos maherimientos sobre los vecinos, y que lo sabe porque siendo él alguacil hizo ir muchas personas y bestias maheridos por mandado del dicho señor Mariscal y de sus mayordomos” Y que antes no se había hecho nunca.
En cuanto al sonancho o ensanchamiento de las tierras, dice que el Mariscal salió beneficiado porque eran pasto común para los ganados de los vecinos y pasaron a ser tierra de labor y sobre ésta él cobraba el dozavo.
También sabe que los vecinos, debido a las molestias que recibían de los maherimientos a que les hacían ir, pidieron al Mariscal que se los quitase pues los había impuesto él. Entonces el Mariscal envió a buscar a la villa la carta de población primera y la llevó a Toledo, donde sin tener parte el concejo de la villa, añadió el sonancho, y diciendo que quedaban libres de los maherimientos a cambio de entregar en Toledo tres fanegas de trigo y cuatro de cebada anualmente cada vecino a su costa, diciendo que lo hacía por hacerles bien y merced.
Y una vez ordenada la carta del sonancho envió a la villa a Francisco de Villalobos, su mayordomo, con un escribano. La carta se leyó y publicó en concejo y “por la fatiga y vejaciones que los dichos vecinos recibían de los dichos maherimientos parecióles a algunos que era mejor llevar el dicho pan a Toledo que andar tan fatigados”. Pero algunos vecinos se opusieron alegando que no tenían obligación de hacerlo y por ello Villalobos encarceló a algunos. “Y así contra la voluntad de mucha parte de los vecinos de esta villa se otorgó la dicha escritura y condición”. Y sabe que por esta razón se fueron y desavecindaron algunos vecinos como Alonso Rodríguez, Juan Peraile, Alonso Peraile, Cristóbal García y otras personas que ahora no recuerda. Y así quedó instaurada la imposición de llevar el pan a Toledo o pagar tres reales si no lo hacen.
Dijo que todo esto era público y se conocía en todos los lugares del señorío. Y no firmó porque no sabía.
Declaración de Francisco Sánchez.
Que era escribano y vecino de Navalmoral, de más de 70 años dijo que conoció al obispo don Vasco los tres años que fue señor de Navalmoral, Valdepusa y Malpica. Al fallecer le sucedió en el mayorazgo doña Aldonza, madre del mariscal don Payo, y que en el tiempo que ambos compartieron el señorío no iban los vecinos a los maherimientos, aunque no está seguro si doña Aldonza llegó a señorear. Lo que sabe es que al poco tiempo de ser señor el Mariscal fue cuando impuso los maherimientos.
No añade nada nuevo a lo anterior. Y firmó de su nombre.
Declaración de Juan de Antón.
Vecino de esta villa y habitante en Navajata, dijo tener 100 años y que recuerda las cosas de hace más de ochenta años. Que ha conocido como señores de este señorío al obispo don Vasco, a Diego de Ribera y al mariscal Payo Barroso de Ribera, y ahora a don Francisco de Ribera. Que sabe de los maherimientos porque él mismo tuvo que hacerlos alguna vez y que los impuso el Mariscal.
No añade nada nuevo. Y no firmó porque no sabía.
Declaración de Francisco Hernández.
Vecino de esta villa, de 60 años. Dijo que conoció como señor al Mariscal, y que sabe de los maherimientos porque siendo él alguacil tuvo que mandar hacerlos muchas veces, tantas, que a veces no había costales suficientes y el Mariscal le mandaba que en cuanto volviesen unos les tomasen los costales para ir los siguientes a llevar pan. Y que oyó decir a personas mayores que esto fue imposición del Mariscal. No añade nada nuevo. Y no firmó porque no sabía.
Declaración de Matheo de la Adrada.
Alcaide de Malpica está impedido y no puede desplazarse a San Martín de Valdepusa y por eso el alcalde Blas Gómez envía al escribano Juan Jiménez a tomarle declaración el día 25 de junio del presente año. Una vez en Malpica, e informado de la comisión el alcalde de la villa Diego de Ribero, fue recibido Mateo de la Adrada, de 83 años, y dijo que en los maherimientos “unos servían de peones, los que ganaban jornales y otros daban bestias… y que oyó decir que los dichos maherimientos se usaban y hacían desde que el señor mariscal Pero Afán fue señor, pagando a los dichos peones sus jornales y a los que daban bestias no les pagaban cosa alguna puesto que el señor mariscal Pero Afán residió siempre en Malpica y no en Toledo”.
Dice también que los vecinos suplicaron al Mariscal que les conmutase los maherimientos por otra cosa “y sobre esto se trató entre el dicho señor, este testigo y Francisco de Villalobos en su nombre con el concejo como intervenidores o terceros” y se llegó al acuerdo ya conocido, y que las fanegas de trigo y cebada se llevasen “en el mes de agosto o hasta fin de setiembre que es el tiempo en que los labradores están desocupados”. Esto contradice lo afirmado por otros testigos que alegan que era en cualquier momento. Y que después de fallecer el Mariscal y sucederle don Francisco ha oído a muchos vecinos decir que esto fue imposición “y que es conciencioso”.
En este corto documento disponemos de información que nos permite ver las tiranteces, tensiones e imposiciones en la relación del señor feudal y los vecinos de los pueblos.
Primeramente, ¿Qué eran los maherimientos o señalamientos? Por la información se deduce que fueron impuestos por Payo Barroso de Ribera. Cuando existía la necesidad de transportar cierta mercancía hasta la ciudad de Toledo o Malpica, el señor feudal o sus mayordomos “señalaban”, o más bien elegían, a uno de sus vasallos para hacer ese trabajo, por si solo o con ayuda de sus bestias, dependiendo de cual fuera el bien a transportar, pues de los interrogatorios se desprende que lo mismo se transportaba caza, como granos, panes o incluso cartas y documentos. Podemos dedir que utilizaban a los vecinos como repartidores de Ámazon en siglo XVI.
En segundo lugar, según los informantes estos señalamientos fueron quitados a raíz del reparto de tierras que se hizo en 1526 en San Martín, y que, según ellos, no dejaron satisfechos a la mayor parte de los vecinos, pues las tierras fueron dadas, en su mayor parte, a aquellos que las habían rotulado fuera de los mojones, lo que hizo que algunos abandonaran la villa y creciera el malestar entre los vecinos, que ya estaba molestos por la cantidad de “señalamientos” que les mandaban.
Para aplacar los ánimos, don Payo Barroso les quitó los señalamientos y en cambio les impuso la obligación de llevar las cargas de trigo y cebada a Toledo. Fue peor el remedio que la enfermedad. Así quedó reflejado en la Carta Puebla que don Payo Barroso de Ribera concedió el 15 de enero de 1526 a los vecinos de San Martín y Navalmoral.
“…que cada vecino, é morador, que agora sóis, é fueredes en la dicha mi villa, é lugar, se ais obligados de me traer a vuestra costa en cada un año desde la dicha villa de San Martín, a esta ciudad de Toledo, tres fanegas de trigo, o cuatro de zebada, sin que por traer de ello os paguen precio alguno.”
Como curiosidad, estando a mitad del siglo XVI, nos sorprende la edad de algunos de los testigos. Así tenemos a Tomé Sánchez con noventa años, a Diego Sánchez de Allendevacas, con más de setenta años, a Francisco Sánchez también septuagenario, a Juan de Antona con cien años y a Mateo de Adrada con ochenta y cuatro. Lo que corroboraría las declaraciones efectuadas treinta años más tardes en la Relaciones de Felipe II, cuando los informantes de San Martín dicen:
“… esta tierra es más sana que enferma, porque los niños se crían sanos en ella y hay de ordinario en ella hombres mujeres viejos que llegan a ochenta y noventa años…”

No deja también de ser curioso que, el testigo más longevo, Juan de Antón, que decía tener cien años, dijo que era vecino de la villa de San Martín y habitante en Navajas. Con toda probabilidad habitaría alguna casa de labrantía en la hoy denominada zona de Las Viñas, posiblemente en lo que hoy es término municipal de Los Navalmorales, toda vez que en 1772 se llevó a cabo un apeo y amojonamiento en el pago denominado Navajatas y que comprendía aproximadamente, en el límite de San Martín con Los Navalmorales, desde el Olivar de El Moro, hasta Las Cumbres y siguiendo el camino de Villarejo a Navalmoral. Imaginemos a un hombre de cien años viviendo en esos parajes en pleno siglo XVI.
Por último, este documento también nos revela la forma de proceder de uno de los testigos, Matheo de La Adrada, alcaide del castillo de Malpica y hombre de confianza de Payo de Ribera y Francisco de Ribera. Matheo, ya anciano e impedido, es el único testigo cuya declaración, claramente, busca favorecer los intereses de su señor don Francisco de Ribera, y es que era mucho lo que el alcaide debía a los señores desde huyó de su tierra por un turbio asunto sobre un asesinato, por lo cual incluso se tuvo que ocultar su apellido Angulo, pasando por las tierras que en San Martín y Santa Ana le habían concedido los señores. Un buen lacayo para ellos debió ser el tal Matheo.
Así, con un simple documento hemos dos palabras en desuso y algunas curiosidades más de la historia de Valdepusa.
FUENTES:
.- Archivo Histórico de la Nobleza. Signatura: ARION,C.13, D.31.
.- Foto de Portada. Grabado de Toledo 1626. Archivo Municipal de Toledo.
