Valdepuseños a Indias. Siglos XVI-XVII. II Parte

En esta segunda parte de la historia de los valdepuseños que fueron a buscar fortuna en América, conoceremos las curiosidades de algunos de ellos, así mismo ubicaremos, según su destino, a todos aquellos que por el Archivo General de Indias, tenemos constancia que emigraron al Nuevo Mundo.

La sanmartileña María Cana.

Pocas son las mujeres valdepuseñas que viajaron a América. Una de ellas fue María Cana, quien en 1620 partió desde El Carpio con su marido Martín Fernández de Frías y su hijo de trece años Martín Fernández con destino a Nueva España.

Es muy probable que el marido de María Cana fuera de origen hidalgo, pues los Fernández de Frías, en años próximos al de su partida ostentaban importantes puestos tanto en la administración pública como en la Iglesia. Quizás por ello se hicieron acompañar en su viaje por un criado llamado Juan de Torres Gil Lozano de Morales, natural de Tachada, una aldea de Santa Olalla.María Cana era natural de San Martín de Valdepusa, al igual que sus padres, Pedro González y María Cana y como sus abuelos tanto paternos como maternos.

La descripción que hizo un testigo de María Cana y su familia para el informe del Consejo de Indias fue el siguiente:

“… de su matrimonio concibieron y procrearon a su hijo legítimo, el dicho Martín Fernández, en que él sabe que es de edad de trece años, poco más o menos y que es mozo soltero y por casar. El pelo de él es rojo y muy rubio. Y sabe que el dicho Martín Fernández de Frías… es de mediana estatura, moreno, con algunas canas y con una señal de un carbunco curado debajo de la barba en el lado derecho de ella. De edad de treinta y ocho años, poco más o menos. La dicha María Cana es una mujer de buena estatura, el rostro algo afilado y con algunas señales de la viruela y el dedo menique de la mano derecha manco y de cuarenta años más o menos…”

Esta información nos muestra algunas de las enfermedades que soportaban las gentes de esa época. Una de ella era el carbunco, una enfermedad ocasionada por la bacteria Bacillus anthracis, y que una de sus variantes es el carbunco cutáneo, cuyo contagio era debido al contacto, principalmente con el ganado. La enfermedad forma grandes vesículas con contenido líquido ennegrecidas que al curar dejaban cicatrices.

Y la segunda, la que padeció María Caña, fue la temida viruela, cuyas marcas quedaban reflejadas en pequeñas cicatrices en el rostro y que tanto mermó la población indígena de las Indias.

Mención especial al criado que acompañó a la familia en tal largo viaje, Juan de Torres Gil de Morales, pues cabe la sospecha de que no fuera criado de la familia, sino que acompañó a la misma porque el rey concedió viajar a sus tres miembros y a un criado, toda vez que en la petición que hace Martín Fernández de Frías al monarca, solo incluía a él, a María y a su hijo, por lo que es posible que Juan de Torres aprovechara la circunstancia para cruzar el charco enrolado como criado. Otro detalle importante es que sabía leer y escribir.

Los valdepuseños labradores del obispo de Venezuela.

Alrededor de 1560 partieron desde San Martín de Valdepusa dos hermanos con rumbo a las Indias, Juan y Pedro de Cebreros. Eran hijos de Antón de Cebreros, hombre principal en aquellos años en la villa, donde ostentó diversos cargos, entre ellos el de Alcalde Ordinario (juez) en 1555.

Juan y Pedro habían perdido a su madre, Juana Martínez, siendo muy jóvenes y su padre casó de nuevo, quizás por ello o por buscar nuevas oportunidades, lo cierto es que con poca diferencia de tiempo ambos emigraron. Juan llegó a la Ciudad de los Reyes, hoy Lima, donde se dedicó a la fabricación de naipes e hizo una gran fortuna que dejó en testamento para “bien casar” a las niñas pobres de San Martín, al que dedicaremos próximamente un artículo, mientras, su hermano Pedro partió a Venezuela como labrador del obispo en 1560.

Por aquel entonces fue nombrado obispo de Santa Ana de Coro (Venezuela) Fray Pedro de Águeda, quien llevó con él al Nuevo Mundo a una hermana con su esposo e hijos y a un hermano. Todos procedían de Águeda, en la provincia de Soria. Desconocemos como Fray Pedro reclutó como labradores a Pedro de Cebreros y a otra familia de sanmartileños, Alonso de San Martín con su mujer Inés de Pedrosa y su hijo Alonso.

Lo cierto es que Pedro y Alonso dejaron las yuntas de San Martín para labrar en tierras de la actual Venezuela, las del obispo de Santa Ana de Coro, el tal fray Pedro de Ágreda, quien depositó la confianza en su cuñado para seleccionar a los labradores. Así lo recogen las crónicas:

“Pedro González (de Santa Cruz) vecino de Ágreda, hijo de Hernán Gonzalez y Ana López, con su mujer Juana González, hija de Pedro Sánchez y de Pascuala Núñez, a cuenta de los doce labradores que lleva consigo fray Pedro de Ágreda.”

El navalmoraleño Martín López Hernández.

De la mayoría de los valdepuseños que cruzaron el charco poco o nada se volvió a saber de ellos. Sin embargo, sí disponemos de alguna información de un navalmoraleño, Martín López Hernández. Martín salió hacia a Nueva España desde San Lucas de Barrameda en abril 1573 en la flota que mandaban el general don Francisco de Luján y el almirante Antonio Navarro, la nao capitana iba escoltada por varios galeones de la Armada, lo que nos puede hacer pensar que el tal Martín pudiera ser militar.

El General Francisco de Luján y Luján

Por lo que sabemos llegó y se estableció en Veracruz, pero cuatro años más tarde tuvo que volver a España para tratar algunos negocios que tenía pendientes.Habiendo Martín Lopez solicitado volver a España, el 31 de enero de 1577, el virrey de Nueva España, Martín Enríquez, le concede la licencia. Además en ella le autoriza a viajar con él a aun sirviente español, Jerónimo de Zárate, por lo que nuestro paisano debía gozar de una buena posición. Esta es la concesión de la licencia:

“Don Martín Enríquez, virrey, gobernador y Capitán General por Su Majestad en esta Nueva España y presidente de la Audiencia Real que en ella reside, por cuanto Martín López Hernández, natural de Navalmoral, tierra de San Martín de Valdepusa, en los reinos de Castilla, me ha hecho relación que él vino de los dichos reinos en la flota de que vino por general Francisco de Luján el año de mil y quinientos y setenta y tres, con licencia de Su Majestad, la cual dejó en la ciudad de la Veracruz en poder de los oficiales de ella, y que por ahora se quiere volver a los dichos reinos de Castilla y llevar en su servicio a un español natural de Sanlúcar llamado Gerónimo de Zárate, y me pidió les mandase dar licencia para ello.

Y por mí visto, por la presente doy licencia al dicho Martín López Hernández para que libremente pueda ir a los dichos reinos de Castilla y llevar en su servicio al dicho Gerónimo de Zárate, en cualquier navío o flota que para ellos fuere, con tanto que lleven certificación de los oficiales de Su Majestad de cómo no debe cosa alguna a su Real Hacienda; y del fiscal de esta Real Audiencia de cómo no trata pleito contra él tocante al fisco; y del juez de bienes de difuntos de cómo no es a su cargo cuenta que deba dar de ellos; y del Santo Oficio de la Inquisición de cómo en él no hay causa que impida su viaje. Y cumpliendo lo susodicho mando que en su viaje no se le ponga embargo ni impedimento alguno. Hecho en Méjico a 31 días del mes de enero de mil quinientos setenta y siete años. Don Martín Enríquez”

La licencia estaba condicionada a que Martín López no tuviera causas pendientes ni con la Hacienda, ni el fisco de la Audiencia, es decir con la justicia, ni fuera juez de bienes difuntos, ni pleitos con la Santa Inquisición. La recopilación de esas certificaciones, que fueron negativas, no finalizó hasta últimos de abril de 1577, por lo que entendemos que Martín debió llegar a España durante el verano de ese año.

Probablemente en ese regreso a España pasara por su pueblo natal, Navalmoral de Pusa, pero pronto, una vez resueltos los asuntos que le trajeron a la península solicitó volver. Así, en el mes de octubre, vuelve a solicitar licencia para su regreso, de la siguiente forma:

“Muy poderoso señor. Martín López Hernández, natural de Navalmoral, dice que él vino de la Nueva España en esta última flota con licencia del virrey a negocios que en estas partes se le ofrecieron, y por los haber acabado se quiere volver. A Vuestra Alteza suplica se le dé licencia para ello, sin dar información. Que en ello recibirá merced.”

Cabe resaltar que solicita licencia “sin dar información”, es decir sin los informes preceptivos que se solicitaban a los escribanos de los concejos acerca de la limpieza de sangra y que podría demorar el viaje de regreso. No fue así y el navalmoraleño obtuvo la licencia para partir nuevamente el 29 de octubre de 1577.

En aquella ola migratoria hacia el nuevo continente era muy común que criados, muchos de ellos parientes o recomendados acompañaran a virreyes, obispos, presidentes de audiencias y oidores cuando estos eran nombrados a desempelar cargos en las Indias, era una buena oportunidad para ese séquito de criados y parientes de esos poderosos señores para poder medrar y establecerse en una nueva tierra. Así lo pensaros algunos de nuestros paisanos, que quedan reflejados en el siguiente mapa, clasificados por su destino, nombre, fecha de migración, a quién acompañaban y procedencia.

Distribución de los valdepuseños que emigraron a las Indias.

Hasta aquí estos dos artículos sobre los indianos de Valdepusa.

FUENTES:

.- Archivo General de Indias, Signaturas: CONTRATACION,5407,N.61, INDIFERENTE,2058,N.69

.- Boletín de la Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos. Número 10. Toledo 1988.

.- Revista Soria. Número 113. Segunda Época. Verano 2021.

.- Real Academia de la Historia. Biografías. https://historia-hispanica.rah.es/biografias/27588-francisco-de-lujan-y-lujan

.- Viajes efectuados entre 1521 y 1699. 1997. Instituto de Investigaciones Jurídicas – Universidad Nacional Autónoma de México.

.- Imagen de portada: Sevilla Puerto de Indias. Siglo XVI.

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