Esta historia comienza en 1674 en Tepeaca (México), un municipio a medio camino entre Ciudad de México y el puerto de Veracruz. Allí había llegado el virrey de Nueva España (1663-1674), don Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar, marqués de Mancera, acompañado de su esposa enferma, doña Leonor María de Carreto. Hacía poco tiempo que había dejado el virreinato y deseaban regresar a España. La parada en ese municipio fue forzada por el estado de salud de la marquesa, toda vez que por la gravedad de la enfermedad no podían continuar hasta el puerto de Veracruz, desde donde tenían pensado volver a España. A los pocos días doña Leonor falleció en Tepeaca el 21 de abril de ese año.
Doña Leonor María de Carreto había nacido en Viena hacia 1634, era hija del embajador de Alemania en España. En sus diez años como virreina de Nueva España se ganó la estimación y admiración de la sociedad novohispana de la época, por sus virtudes, inteligencia, y buen gobierno económico de su casa y familia. Así mismo labró una gran amistar con la escritora Sor Juana Inés de la Cruz, siendo considerada una de sus mecenas.

Aunque doña Leonor falleció sobre los cuarenta años, más o menos, ya había dejado hecho testamento. En el mismo funda unas memorias, en las que deja nombrado como patrono al marqués de Mancera y sus sucesores, quienes se encargarían de que las mandas contenidas en las mismas se cumplieran. Y una de esas mandas nos llevará a Malpica.Tuvieron que pasar casi cincuenta años para que el marquesado de Mancera se uniera al de Malpica. Eso fue posible por el matrimonio que contrajeron el 21 de marzo de 1721 doña Josefa Joaquina de Toledo Sarmiento y Palafox, marquesa de Montalbo, condesa de Gondomar y marquesa Mancera con don José Francisco Enríquez Pimentel y Zualart, marqués de Povar, de Malpica y conde de Navalmoral.A partir de ese momento el marqués de Malpica y ahora también de Mancera ejercería como patrono de las memorias de doña Leonor.
El las citadas memorias existían una manda para agraciar con una prebenda a aquellas mujeres se dieran al “estado de religión o matrimonio” , es decir: religiosas o casadas, y que reunieran unos determinados requisitos: que fueran doncellas, nobles y de buena fama.
Esas prebendas se fueron dando a diferentes mujeres desde el fallecimiento de doña Leonor, desconocemos si fueron agraciadas algunas mujeres de Malpica o los pueblos de Valdepusa desde que el marqués de Malpica unió a sus títulos el de marqués de Mancera con Grandeza de España. Sin embargo, lo que si conocemos es que el catorce de diciembre de mil ochocientos treinta y dos en Cebolla, ante el escribano de Malpica, don Claudio Antonio Álvarez, el marqués tuvo bien conceder prebendas contenidas en las memorias a las siguientes mujeres de Malpica:
María de Morales, esposa de Claudio Yanes se le concedieron dos mil reales de vellón, pagados en pesos fuertes de plata. (Realmente su nombre era María de Mata Morales).
Victoria Cuesta, esposa de Dionisio Torralba se le concedieron mil quinientos reales de vellón, pagados en pesos fuertes de plata.
María Ramos, esposa de Policarpo Blanco se le concedieron mil cien reales de vellón, pagados en pesos fuertes de plata.
Se firmaron las cartas de pago en Madrid ante el escribano y el tesorero y administrador de las memorias don Luis Escalar.
Los importes fueron recibidos por los maridos de las agraciadas, toda vez que actuaban en representación de sus esposas.
Es muy probable que esas malpiqueñas no fuera de estirpe noble, como exigían las memorias, pero, posiblemente, el marqués, por cualquier otro motivo, quiso beneficiar a ellas o a sus maridos.
De los maridos, del único que disponemos amplia documentación es de Claudio Yanes, sanmartileño, maestro en Malpica e hijo de Joseph Yanes quien llegó a Valdepusa como escribiente del marquesado, y más tarde fiel de fechos de San Martín y maestro. Claudio protagonizó durante la I Guerra Carlista, en 1838, una persecución, junto a los malpiqueños: Juan de Mata Morales, secretario del ayuntamiento, Pedro González, Miguel Soriano y el regidor de la villa Ventura Cabezudo, contra un grupo de carlistas en Valdepusa. Aquellos sucesos quedaron reflejados en la prensa de la época como un acto de heroicidad.
Quedó viudo Claudio en 1839 y se refugió durante unos años con sus padres y sus tres hijos malpiqueños: Juan, José y Ángel, en San Martín. Sin embargo, aunque pocos años después volvió a ejercer de maestro en Malpica, donde vivió hasta su muerte en 1875.
La única información que disponemos de Dionisio Torralba se encuentra entre los cuatro malpiqueños que votaron en las elecciones de 1851, que fueron: Dionisio, Luis Quintas (alcalde en 1862), Pablo Castro y Juan Sánchez, teniendo en cuenta que en esas elecciones el censo únicamente le componían las élites funcionariales locales o aquellos que tenían determinada riqueza, según sus contribuciones, principalmente propietarios o algún industrial.
De Policarpo Blanco únicamente sabemos, por una publicación de Hacienda hacia sus herederos, que en 1868 ya había fallecido.
Las prebendas de la marquesa de Mancera, doña Leonor María de Carreto, tocaron como una pequeña pedrea lotera a algunas mujeres de Malpica, seguro que no eran las más humildes y necesitadas, no siempre la caridad testamentaria iba destinada a quienes más lo necesitaban.
Fuentes:
.- Protocolos Notariales de Madrid
.- Boletín Oficial de la Provincia de Toledo.
.- Las virreinas novohispanas. Presencias y Ausencias. Rubial García, A. Estudios de Historia Novohispana (Ene-Jun 2014).
Vixto
