Bernardino de Rioja y Rojas, benefactor de la Cofradía del Santísimo Cristo de Valdelpozo. 1737

Probablemente a lo largo la historia de casi cinco siglos de la Cofradía, hoy Hermandad, del Santísimo Cristo de Valdelpozo hubo muchos benefactores que, con sus aportaciones, económicas o de otro tipo,  ayudaron al mantenimiento de la ermita y la cofradía.

De algunos de ellos ya hemos hablado aquí, por ejemplo, de don Miguel González de Belorado, quien en su testamento en 1605 dejó una cruz procesional y unas andas para la Cofradía de la Vera Cruz de Valdelpozo o también cómo las obras de reparación de la ermita en 1859 fueron sufragadas en gran parte por Julián Marín.

Pero esta vez vamos a hablar de otro benefactor hasta ahora desconocido: Bernardino de Rioja y Rojas, también llamado Bernardino de Rojas.

Bernardino había nacido en San Martín de Valdelpusa hacia 1670, era hijo de Manuel de Rioja y Ángela de Rojas y Chacón, ambos también naturales de San Martín.

Tanto los Rojas como los Riojas eran familias que estuvieron asentadas en San Martín, al menos durante dos siglos, algunos de sus componentes asumieron diferentes cargos en la villa.

Sin embargo, Bernardino se estableció en Madrid al calor de la Corte, donde también tenía familiares. Allí se dedicó al comercio, concretamente regentó un establecimiento de droguería en la calle Postas, una calle que une la Puerta del Sol con la Plaza Mayor. Su actividad no se limitaba solo a Madrid, pues también realizaba transacciones comerciales con otras ciudades, como León, Salamanca o Soria.

El negocio le debió reportar importantes beneficios, pues cuando falleció en febrero de 1737 había acumulado un importante capital y tenía varios mancebos trabajando para él. También eran socios de su “compañía”, como así decía él, su primo Bartolomé de Rojas y Gaspar de Molinillo, su mancebo mayor.

Bernardino era soltero y una persona de profundas convicciones religiosas, por lo que en su testamento  funda unas Memorias. En las mandas de esas memorias ordena se repartan importantes sumas de dinero a diferentes órdenes religiosas, conventos, iglesias, vírgenes, cristos y algunas obras de caridad.  En ellas nombra heredero al Convento de San Cayetano de Madrid. Entre algunas de esas mandas están las correspondientes al Convento de San Marcelo de León y a la Virgen del Camino, al Convento de la Batuecas de Salamanca, a los Franciscanos, etc. También deja algunos dineros a los hijos de una sobina llamada Ana Gómez de Rojas.

Como curiosidad una de sus mandas que demuestra su fe y religiosidad es en la que deja una cantidad de dinero para el proceso de canonización de Fray Simón de Rojas, quien ya había sido hecho beato por el papa Clemente XII en 1735.  

Este fraile vallisoletano había nacido en 1552. Su madre, Constanza de Rojas, era de Móstoles. Desconocemos si tendría algún lazo familiar con Bernardino, lo cierto es que Simón de Rojas estuvo, entre otros muchos sitios, en el convento de los Trinitarios de Talavera de donde fue su superior. También sabemos que en su proceso de canonización participó como testigo Lope de Vega, quien años antes había sido secretario del marqués de Malpica. Será casualidad, pero lo cierto es que frailes Trinitarios participaron en la Cuaresma y Semana Santa de San Martín en 1594.  Tardó mucho tiempo, pero el dinero que dejó nuestro paisano para hacer santo al fraile valĺisoletano dio sus frutos tres siglos después, toda vez que en 1988, el papa Juan Pablo II, le elevó a los altares con el nombre de San Simón de Rojas. Hoy en día existe una iglesia en Valladolid y otra en Móstoles, concretamente en el Parque Coimbra, bajo esa advocación.

Pero volviendo a las memorias de Bernardino de Rioja y Rojas. Nuestro paisano, en ellas, se acuerda del lugar que le vio nacer  y así, deja ciertas cantidades de dinero para dos cofradías de San Martín por las que sentía devoción: la del Santísimo Cristo de Valdelpozo y la de Nuestra Señora de la Bienvenida.

La manda testamentaria al Santísimo Cristo dice:

“Es mi voluntad se entreguen por una vez a la cofradía del Santísimo Cristo de Valdelpozo en la villa de San Martín de Pusa, cuatro mil reales de vellón para ayuda y reparo de la iglesia y capilla de dicho Santísimo Cristo, y digan una misa cantada en el día que les pareciere al señor cura  y cofrades.”

Mientras, que la dirigida a Nuestra Señora de la Bienvenida dice:

“Es mi voluntad se entregue por una vez a la cofradía de Nuestra Señora de Bienvenida de la villa de San Martín de Pusa dos mil doscientos reales de vellón para que con ellos se compre la tela necesaria para un vestido y encarnación para su Divina Majestad, siendo de la mejor que se hallase y a voluntad de mis testamentarios, y encargo a los cofrades manden decir una misa cantada por una vez, el día que celebren fiesta a su Divina Majestad en uno de los dos días de Encarnación de Mayo.”

Imaginamos que se compraría la tela y se confeccionaría el traje Nuestra Señora de la Bienvenida, lo que si tenemos documentado es lo que ocurrió con los cuatro mil reales para la Cofradía del Santísimo Cristo de Valdelpozo.

Tuvieron que pasar siete años, concretamente el 11 de diciembre de 1744, para que los cuatro mil reales de Bernardino de Rojas fueran invertidos por la Cofradía. Curiosamente no fueron invertidos direectamente en la reparación de la ermita, como decía su manda testamentaria, sino en la compra de un olivar.

Ese día se celebró escritura pública de venta de un olivar de ciento dieciséis olivas en la Matalobos de “adentro», entre Ana López, viuda de Bartolomé de la Iglesia a la Fábrica de la Ermita del Santísimo Cristo del Valdelpozo, por parte de la Fábrica de la Ermita firmó el “Señor Don Francisco Flores, Cura propio de la villa y abad y patrono de dicha ermita, aneja a su iglesia”

El precio acorado se estableció en cuatro mil veintitrés reales, así describía la escritura la procedencia del dinero:

“…cuya cantidad procede de los cuatro mil reales que a dicha Santa Imagen dejó mandado por su disposición testamentaria Don Bernardino de Rojas, vecino que fue de la villa de Madrid y los veintitrés reales restantes del caudal de dicha fábrica…”

En la escritura se establece que el fruto de ese año será para la vendedora.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones las “fábricas” de los templos eran una especie de fondos económicos que administraba un mayordomo destinado a reparaciones y el mantenimiento de ornamentos para el culto.

Bienes desamortizados en San Martín en 1822

En el Catastro de Ensenada de 1751, se dice que la tierra del olivar era de pésima calidad y que la tenía en arrendamiento Don Pedro de la Llave, quien pagaba una renta anual de ciento veinte reales.

Desconocemos el tiempo que mantuvo la cofradía el citado olivar, o si fue vendido para mantenimiento de la ermita, toda vez que en 1822 en la subasta que se publicó de bienes de la ermita del Santísimo Cristo, con motivo de la desamortización de bienes de obras pías, memorias y capellanías, figura un olivar en la Matalobos con 12 pies de olivas que no corresponde con el adquirido en 1744.

Sirva este artículo para conocer algo más de la historia de la antigua Cofradía de Santísimo Crísto de Valdelpozo y la devoción que en todos tiempos ha habido hacia su Imagen entre los sanmartileños.

A día de hoy sigue existiendo esa gran devoción hacia al Santísimo Cristo de Valdelpozo y siguen habiendo fieles que continúan colaborando en mantener pie la ermita y su Cristo.

FUENTES:

.- Protocolos Notariales de Madrid, siglo XVIII

.- Archivo Provincial de Toledo. Desamortización. Cofradía del Santísimo Cristo de Valdelpozo

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