1904. La marcha de los cadetes de la Academia de Infantería de Toledo por Los Navalmorales y Santa Ana

En 1904 solo habían pasado ocho años del desastre del 98 con la pérdida de las últimas colonias, Filipinas, Puerto Rico y Cuba. Tras aquellas guerras de independencia el país se sumió en una depresión nacional y el ejército recayó la obligación moral de levantar el ánimo y el orgullo patrio de los españoles. Seguro que el director de la Academia de Infantería de Toledo pensó que para ello nada mejor que los jóvenes cadetes se acercaran al pueblo y recibieran su cariño. A tal fin se organizó una marcha desde Toledo a Talavera, parando y pernoctando en algunos de los pueblos por los que transitarían.

Así, a finales de abril se reunieron los cadetes, los carros de avituallamiento, la banda de música y los mandos compuestos entre otros, por el Coronel Director Sr. Sa Pedro, Teniente Coronel Sr. González Iragorri y el Comandante Mayor Sr. Prieto en las inmediaciones de la Virgen del Valle, donde oyeron misa de campaña y seguidamente iniciaron su marcha hasta Polán que fue el primer pueblo donde pernoctaron.De Polán, la mañana siguiente se dirigieron a Noéz y Totanes, donde hicieron unas pequeñas paradas de descanso y a las seis de la tarde llegaron a Menasalbas. En todos los pueblos se les hacían grandes recibimientos y en los que pernotaban, había cenas, bailes, convites y vivas y discursos patrióticos, muchos discursos…, y misas de campaña…, muchas misas.

La siguiente etapa desde Menasalbas estaba previsto llegar a Navahermosa, donde llegaron, no sin antes cruzar el Torcón que debido al agua que llevaba tuvieron que improvisar unas pasaderas. Igualmente hubo un gran recibimiento.El cuarto día, camino de Los Navalmorales, se hizo una parada de avituallamiento en una alameda junto al río Cedena y allí los cadetes se llevaron una gran sorpresa y alegría, pues un fabricante de cervezas de Navahermosa, Don Carlos Ortega y de Guzmán, les obsequió con dos carros de cervezas con más de 500 botellas.A las cinco de la tarde llegó la columna militar a Los Navalmorales. El cronista que acompañó esta marcha y que la difundió en un cuadernillo editado expresamente para contar los acontecimientos, no era otro que Constantino Garcés y Vera, co-fundador de la revista La Campana Gorda con el sanmartileño Rómulo Muro. El gran Constantino describió de esta manera la llegada a la villa:

“Toda la población se hallaba en las afueras esperando a la columna, una numerosa comisión a caballo, entre la que se encontraba representado el bello sexo en la niña Sagrario Fernández y su primito Antonio Prada, se había unido a nosotros mucho antes, y al hacer alto para batir marcha, empezaron los vivas y el ruido ensordecedor de campanas y cohetes. Verdaderamente en triunfo llegó la columna a la plaza del pueblo, entrando la bandera en el Ayuntamiento entre los vivas a España de la multitud y los acordes de la Marcha Real.”

Tras la recepción y el discurso del alcalde, que por aquel entonces era Isidoro Martín de Eugenio, los alumnos fueron agasajados con un lunch para pasar más tarde al Salón del Casino en el que se interpretaron tres zarzuelas en su honor, de las mismas dice la crónica: “Se representaron tres zarzuelas, en las que se distinguieron las Srtas. Acebes y Sanz y muy especialmente el Sr. Angoloti en ¡Ya somos tres!.»

Los Navalmorales fue el único pueblo en el que pernoctaron dos noches. Al día siguiente de su llegada, a las ocho de la mañana se celebró una misa de campaña en la plaza del pueblo, si bien por la foto que se acompaña, la que denominan con tal plaza es la de Tierra de Toledo, con gran afluencia del vecindario.

Los mandos de la academia, que acompañaron a los cadetes, tenían en este pueblo un vecino bastante conocido por ellos, el comandante José García Ramírez, quien había estado de capitán en Joló, Filipinas y posteriormente había sido profesor de la academia. Ya retirado, se había convertido en unos de los mayores contribuyentes de Los Navalmorales, además de regentaba un pequeño molino de aceite. El comandante García Ramírez costeó ese día el almuerzo dado a los mandos militares y a las autoridades.Tras el mismo y los discursos de rigor, se juntaron también dos viejos amigos, el cronista Constantino Garcés y Rómulo Muro, quienes habían escrito algunas poesías que se leyeron para la ocasión. La del sanmartileño Muro, que a bien seguro tendría buenos recuerdos de Los Navalmorales, donde su padre había ejercido muchos años de médico y donde nacieron algunos de sus hermanos, se tituló Espada y Pluma.

A la tarde noche se dio otro banquete, en esta ocasión en la casa del alcalde, Isidoro Martín de Eugenio, y tras los vítores y vivas de los discursos, dice el cronista que: “…y los aplausos fueron delirantes, al leerse el siguiente soneto de Rómulo Muro:”

EL SOLDADO Y EL PUEBLO
Dichoso el pueblo aquel que al soldado
presta amor y cariño y fortaleza;
pues es tal de la patria la grandeza,
que el guardián de la patria es ser sagrado.
Todo está á su custodia confiado;
familia, hogar, tranquilidad, riqueza,
y mal se quiere quien en su torpeza
abandona tesoro tan preciado.
El soldado es del pueblo la esperanza
y del pasado el galardón glorioso;
él le presta en el triunfo confianza,
y él le ofrece su sangre generoso,
¡por eso ambos con igual pujanza
se enlazan en abrazo cariñoso!
Rómulo Muro. Los Navalmorales 5 de mayo de 1904

Aparte de las cenas oficiales para mandos y autoridades, el pueblo y la tropa también disfrutaron, pues a la noche se hizo un gran baile en la plaza con la banda de música, y finalizado este hubo una nueva sesión de teatro en el Casino.

Al día siguiente, a primera hora, se cedió el protagonismo al cura párroco, el señor Bascuñana, quien, desde el balcón del ayuntamiento, como si de una bendición urbi et orbi fuera dirigió un discurso con el tema de La guerra, tras el mismo y una vez recogida la bandera del ayuntamiento, se iniciaba la marcha dirección a Alcaudete de la Jara. Los militares fueron acompañados por un gran gentío hasta las afueras de la localidad. Allí se realizaron unas pequeñas maniobras de ataque y defensa con la presencia de parte del vecindario.

Puesta la atención en llegar a pernoctar en Alcaudete, continuaron camino hacia Santa Ana de Pusa, así lo contó Constantino Garcés:

“Con una parada de cinco minutos en las casas del valle, llegamos a Santa Ana de Pusa a las doce y treinta, descansando media hora; a la una y treinta cruzamos el río Pusa por el puente construido sobre la parte más pintoresca de su cauce, y después de cinco minutos de respiro, en lo alto de la empinada cuesta que hay en el lado opuesto, dimos alto en la dehesa titulada «El Pilón». Allí se almorzó, siendo obsequiados los Alumnos con dos pellejos de vino añejo, regalo del Alcalde Sr. Martín de Eugenio y con los dos ramilletes que no se habían partido en los banquetes de la casa de éste y en la del Comandante Sr. García Ramírez. Hasta aquí fuimos acompañados a caballo por las autoridades, la amazona Srta. Sagrario y alguna gente más que llevaba el almuerzo de los Alumnos que habían sido sus huéspedes.”

El paso de la marcha por Santa Ana debió ser efímero, pero bien seguro que causaría un importante revuelo en la pequeña localidad. Hasta la dehesa de “El Pilón”, ya en término de Alcaudete, acompañaron algunos navalmoraleños a la expedición, la cual había abandonado Valdepusa por Malpasillo. A las siete de la tarde llegaron a Alcaudete de la Jara.

Días más tarde, una vez la expedición llegó a Talavera y regresó en tren desde la Ciudad de la Cerámica, con una pequeña parada en Erustes, hubo un intercambio de telegramas de agradecimiento entre el alcalde de Los Navalmorales, el comandante García Ramírez y el director de la academia, el Coronel San Pedro, todos habían quedado muy satisfechos de los días de convivencia entre el ejército y el pueblo.

En este reportaje realizado por Constantino Garcés y publicado por Rafael Menor bajo el título “Álbum Recuerdo – Practicas del Campamento y Marchas de la Academia de Caballería en Abril y Mayo de 1904”, nos queda un estupendo reportaje fotográfico de los sitios por donde fueron pasando, aunque desgraciadamente no hay ninguna fotografía de Santa Ana.

También nos muestra lo arraigado que estaba en el pueblo el sentimiento hacia la milicia en aquella sociedad de principios del siglo XX, aun cuando el ejército español era ya un ejército anticuado y en decadencia en el ámbito europeo, pero que seguía contando con un gran apoyo popular, un pilar en el que se apoyaría, años más tarde, en las guerras de África.

FUENTES:

.- Archivo del Ayuntamiento de Toledo. Álbum Recuerdo – Practicas del Campamento y Marchas de la Academia de Caballería en Abril y Mayo de 1904. Garcés y Vera, C. Ramón Menor Editor. Toledo 1904.

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