Hace seis años, colaboré con el historiador toledano Pepe Colino para desentrañar la historia de la familia Yanes, la propietaria de la prestigiosa Joyería Yanes.
Jesús Yanes, su actual propietario, tenía la convicción, a través de lo que le habían contado su familia, que Claudio, quien realizó los primeros bocetos de la joyas, era de Malpica. Sin embargo, lo primero que se descubrió es que era sanmartileño. Y ahí es cuando recurrieron a mi para que, junto con Pepe Colino, encontráramos las raíces familiares. Este es un resumen de aquel trabajo.
El primer Yanes que llegó a Valdepusa, concretamente a San Martín fue JOSEF YANES, quien nació en Madrid y fue bautizado el veinte de mayo de 1775 en la parroquia de San Martín de la capital madrileña. Así lo describe su partida de bautismo.
“…nació dicho día mes y año, calle del duque de Osuna, casas de la Excma. Sra. duquesa de Montemar. Fue su madrina la dicha Excma. Sra. duquesa, viuda de Montemar, (María Magdalena Carrillo de Albornoz y Antich, II duquesa de Montemar). en la nombró el hermano José de la Cámara Donado, de las madres Capuchinas de Barbastro.”
Las casas donde nació Josef estaban muy próximas al palacio de los duques de Osuna y Benavente.
El padre de Josef debió trabajar para alguna de las casas nobles, toda vez Josef tuvo de madrina a la duquesa viuda de Montemar, por lo que Josef pasa su niñez y adolescencia en una de las zonas de más influencia nobiliaria de Madrid, la parte oeste al Palacio Real y la calle Leganitos, lo que hoy es la Plaza España y la calle Princesa.
Su padre debió estar bastante bien relacionado y cuando Josef se hace mayor le acomoda con un empleo de escribiente en una de esas familias de la grandeza de España; el marquesado de Malpica, siendo en esos años marquesa Petronila de Alcántara y Pimentel.
Josef al servicio de la marquesa de Malpica.
Como dijimos Josef fue el primer Yanes que llegó a Valdepusa. Así lo describe palabras en una una carta que remitió en 1804 al marqués de Malpica dice:
“…fue en primeros de marzo de 1798 se me dispensó por la madre de V.E. (vuestra excelencia), mi señora que de Dios goce la gracia, en elegirme por oficial escribiente de la Administración de Malpica donde permanecí en dicho destino hasta marzo de 1801 con los Administradores D. Francisco Luziriaga y Domingo Bernal…”
Por lo que Josef llega a San Martin con 23 años, contratado por la marquesa de Malpica doña Petronila de Alcántara y Pimentel y ocupa el puesto tres años, en los cuales conoce a Hermenegilda Gómez, que era maestra en la villa, con la que se casa en 1801.
Así describía Josef los tres años como oficial escribiente al servicio del marquesado de Malpica:
“…habiendo procurado el mejor servicio y cumpliendo en mis obligaciones merecí sus atenciones en este Estado, perseguido de las Tercianas (se refiere a las fiebres del paludismo) y asistido de algunos resentimientos que con la señora tenía, motivados de algunas sesiones ocurridas, confiado al piadoso corazón de V.E. mi Sra a quién debía mil honras, a 3 del citado marzo de 1801 representé suplicando se dignara atenderme en otro destino…”
Pero el deseo de Josef de seguir al servicio de la marquesa no se cumple, pues le contestan que no disponen de otro destino de momento para él, si bien la marquesa da orden para que se le pague hasta el día 6 de marzo y le entreguen 200 reales para su vuelta a la Corte, a su Madrid natal.
Josef en Madrid.
Josef y Hermenegilda, recién casados y ella probablemente embarazada de su primera hija Antonia, quien nacería Madrid, se asientan en la capital, donde Josef trabaja de escribiente con un escribano real. Permanece en Madrid tres años, hasta junio o julio de 1804, su vida como escribiente del escribano real no debió ser cómoda, más bien pasaron cierta necesidad.
Sus contactos en San Martín le informan que queda vacante una plaza de maestro en la escuela, la solicita y es aceptado.
Las condiciones económicas que disfrutaba el maestro de San Martín, en esa época, incluían doce fanegas de trigo que le debía entregar el marqués de Malpica como parte del salario, pero cuando el bueno de Josef ya se había despedido de su escribano real, recibe notificación de que no le van a dar el trigo y escribe al marqués. Esta es la triste situación que cuenta:
“…levanté mi casa, pasándome a los cortos días que mediasen a la de mi hermano, vendiendo mis trastos, reduciéndome a lo preciso para obviar el mayor porte de su conducción y escribí a los de mi mujer para que viniera con el carro a por nosotros…”
Como consecuencia de ésta carta y por la recomendación que llevaba adjunta de la condesa de Talhara y Torralba, le dieron las fanegas de trigo y pudo regresar a San Martín.

El maestro de San Martín
Nuevamente llegan, Josef y Hermenegilda, a San Martín, pero esta vez como maestros, pues muy probablemente Josef creara la primera escuela de niñas de la localidad, dirigida por su esposa, auspiciada por el marqués de Malpica.
Su relación con el marqués debió seguir siendo buena, pues en el archivo de los marqueses de Malpica hay una carta de Josef pidiendo ayuda económica para la escuela, así como informando al marqués del avance de los alumnos.
“…bajo lo cual, y de teniendo V.E. a bien contribuir a la expresada enseñanza, aunque no fuera del todo, en parte que los padres envíen a sus hijos a la escuela, para ya que ellos no lo hacen, aprendan en ella la doctrina cristiana, leer, escribir y contar.
Y respecto si las niñas van a la maestra y adelantan en costura como en lo demás del fin que se propuso V.E. deseo decir que el número que asiste es corto, y pudiera ser mayor si no fuera por la indolencia de los padres…”
En 1807 Josef pide poder examinarse de Maestro de Primeras Letras, pero para poder ser examinado, debe aportar una reconocida experiencia en la enseñanza, además de una reputación intachable. Por aquel entonces compagina la labor de maestro con la de Fiel de Fechos en el ayuntamiento, nombrado recientemente, al haber fallecido el escribano, quizás por eso Josef ganaba en 1806 un real diario y Hermenegilda dos reales y medio diarios.
Fiel de Fechos de la villa de San Martín.
El “fiel de fechos” era el fedatario público que testificaba los hechos de los documentos públicos, sustituía al escribano y también revisaba las cuentas del Ayuntamiento. Era homologable a lo que hoy es un secretario de Ayuntamiento, por lo cual se requería a una persona instruida, por lo que el Ayuntamiento de San Martín optó por Josef.
Como fiel de fechos le encargan la realización de alguna escritura pública, como el testamento del anterior escribano don Felipe Díez, pues actuó como escribano interino hasta la llegada de José Manzanero.
También actúa por orden de la Chancillaría de Granada, participa, junto con el alcalde ordinario en la localización y detención de Francisco Díaz de Rioja.
En 1812 an seguía ejerciendo a la vez de maestro y de fiel de fechos, y como tal congrega a todo el pueblo a las puertas del ayuntamiento y hace la lectura de la Constitución de 1812, para conocimiento de todo el vecindario, según ordenó el rey Fernando VII.
En 1816 José aparece como cabeza de familia en el Alistamiento para milicias que obligó hacer Fernando VII.
Un hecho transcendental para los pueblos de Valdepusa fue la firma de la Concordia con el marqués de Malpica, una especie de acuerdo de paz que rompía con el feudalismo de siglos y determinaba derechos y obligaciones para unos y otros. Cada ayuntamiento tenía que ratificar el acuerdo y los vecinos lo tenían que firmar, en San Martín fue Josef y su hijo Claudio quienes firmaron por aquellos.

Los ultimos años.
La vida de Josef y Hermenegilda les llevó a vivir episodios como la Guerra de la Independencia, durante la cual en San Martín se vivió con temor e incluso hubo algún que otro escarceo con las tropas francesas, quienes apresaron allí a un guerrillero. Más tarde la ruptura, tras la Constitución de Cádiz, con el Antiguo Régimen feudal y lo que supuso un gran cambio y la primera Guerra Carlista, bastante cruel en la zona, donde predominaban los saqueos, las violaciones e incluso los secuestros, y por último las enfermedades, que hacían mella en las personas mayores y, principalmente, en los niños.
Según conocemos por las matriculaciones de los párrocos de San Martín de la época, Josef y Hermenegilda vivieron en casas alquiladas, en 1824 compartían casa con León Gordo que era viudo, guarda y castillero del castillo de Malpica, muy probablemente fuera una casa cedida por el mismo marqués.
En 1839 Josef y Hermegilda vuelven a acoger a otro hijo que también ha enviudado, Claudio con sus hijos; José de ocho años, Juan de siete y Ángel de tres.
No sabemos exactamente la fecha de defunción de Josef y Hermenegilda, pues en 1842 siguen apareciendo en su domicilio, con 68 y 69 por lo hemos de suponer fallecieron entre mayo de 1842 y mayo de 1844 pues ya no aparecen.
Hasta aquí la historia de Josef, el joven escribiente que vino a servir al marqués de Malpica y sirvió e instruyó al pueblo de San Martín, junto con Hermengilda.
Claudio Yanes.
Nació Claudio Yanes en San Martín de Pusa el 9 de febrero de 1806 y fue bautizado en la iglesia parroquial de la villa el 10 de febrero, era el segundo hijo de Josef, el primer varón. Le pusieron por nombre Claudio Pedro Juan de Mata.
Imaginamos que Claudio pasó su niñez y adolescencia en San Martín y sus padres, ambos, que eran maestros, le instruirían en su formación académica, aunque no es descartable que estudiara fuera de la villa algún año. Quedó exento de la realización del Servicio Militar por su dedicación a la educación.
Por los libros de matriculaciones sabemos que en que en 1828 seguía viviendo con sus padres en San Martín y con su hermana Antonia, que ya era viuda.
Sobre 1831 se casa en Malpica con María de Mata Morales. Claudio estaba ejerciendo de maestro en Malpica cuando le sorprende la primera Guerra Carlista (1833-1840). Los pueblos de la zona; Malpica, San Martín y Los Navalmorales son atacadas sistemáticamente por incursiones de grupos carlistas, que tras los saqueos, se refugiaban en los Montes de Toledo, y es como consecuencia de esas incursiones donde aparece el valor de Claudio y otros vecinos de Malpica, no solo en hacerles frente, si no también en perseguirles. Así describía la acción de Claudio ocurrida el 26 de septiembre de 1837, Juan de Mata Morales, su cuñado y en ese momento sargento 2°de la milicia nacional de Malpica y secretario del ayuntamiento:
“…dispuse que dos nacionales bajasen por la ladera a cortarles la huida que verificaron haciendo fuego los nacionales D. Claudio Yanes y Pedro González, quedando yo haciendo descarga desde la cumbre con los tres restantes… Este hecho de valor y patriotismo suplico a V.S. se de al público por medio del Boletín Oficial para dar ejemplo con ello esta Milicia y al resto de la provincia y que vean que los infames asesinos no esperan a los hombres decididos, recomendando igualmente a los dos nacionales Yanes y González que con listo ardor se arrojaron por el monte sin temor alguno a las balas ni a la muerte.”
Al año siguiente de este hecho en 1838 fallece en Malpica María de Mata, la esposa de Claudio, queda viudo con 32 años y tres niños de muy corta, por lo que Claudio pasa a residir con sus hijos a San Martín, nuevamente a la casa familiar con sus padres José y Hermenegilda.
Joven, viudo y con la carga familiar de tres niños, Claudio es acogido por sus padres. Es muy probable que Claudio volviera a sus quehaceres educativos en San Martín, después de ejercer como maestro en Malpica durante siete años, intentando sacar a sus hijos adelante.
Pero en San Martín se va a cruzar en su vida una joven sanmartileña, diecinueve años más joven que él, Petra Feliciana Fernández-Canales.
Claudio y Petra Feliciana.
Petra Feliciana, tampoco había tenido hasta entonces un vida fácil, había nacido el 29 de junio de 1825 en San Martín, era hija de Martín Fernández-Vicente y de Faustina Fernández-Canales, era la segunda de tres hermanos, aproximadamente a los seis años quedó huérfana de padre y la familia pasó a vivir al domicilio de la abuela materna, María Fernández.
Petra y Claudio se casaron en 1851, él había permanecido viudo catorce años, los mimos que sus hijos del primer matrimonio habían permanecido con él y durante ese periodo había perdido a sus padre, Josef y Hermenegilda.
Hacia 1853 Claudio y Petra pasan a residir a Hontanar donde Claudio debió optar a una plaza de maestro.
El año 1858 es un año transcendental en la vida de Claudio, es padre de su primer hijo con Petra, Isidoro; se convoca por concurso una plaza de maestro de niños en Malpica y en agosto, tras una tormenta, un labriego de Guadamur descubre el llamado tesoro visigodo de Guarrazar.
La plaza para maestro de Malpica estaba dotada con un sueldo anual de 2.500 reales, además de casa y las retribuciones de los alumnos que pudieran pagar. Claudio opta a la plaza y se la conceden, con ello no solo aumentaba considerablemente su sueldo y pasa residir en Malpica, donde era recordado y querido.
De Hontanar, con toda probabilidad, se llevó hacia Malpica la curiosidad por el tesoro descubierto en Guadamur, hemos de recordar que Hontanar está equidistante entre Malpica y Guadamur, a unos 40 kilómetros, si bien Guadamur estaba en el camino hacia Toledo, por lo que la noticia del descubrimiento bien seguro que corrió como la pólvora por los pueblos cercanos
El día 4 de abril de 1859, Claudio toma posesión de su plaza de maestro en Malpica, allí se implica en las cuestiones municipales, pues en 1862 figura como secretario habilitado de ayuntamiento constitucional de Malpica, del que era alcalde Luis Quintas. Claudio, al igual que hizo su padre en San Martín, compaginó el trabajo educativo con el de la administración local, al menos un tiempo.

Mientras el tesoro de Guarrazar había corrido toda una serie de vicisitudes, desde su desmembramiento, al interés de la reina Isabel II por intentar recuperarle. Así en mayo de 1861 encontrándose la Corte en Aranjuez, Domingo de la Cruz, uno de los labradores que aún mantenía piezas en su poder hace entrega de las mismas a la reina, por recomendación de un maestro pariente de él, Juan Figueroa. La reina recompensará de forma generosa a Domingo.
Informaciones como esta y la presencia como aya del príncipe de Asturias de la marquesa de Malpica, fue posiblemente lo que hiciera en Claudio crear unos bocetos, imitando las alhajas del magnífico tesoro que tanto ensalzaba la prensa de la época. Así comenzó la familia Yanes sus primeros pasos en la orfebrería.
En 1865 nace en Malpica Esteban Yanes el menor de los hijos de Claudio y Petra, por aquel entonces Claudio ya era sexagenario y Petra contaba con cuarenta y un años.
A los sesenta y seis años fallece Claudio en Malpica un seis de febrero de 1875. Petra, viuda y con cuarenta y siete años, debió buscar un mejor futuro para ella y sus hijos, principalmente para Esteban, el más pequeño que perdió a su padre con diez años. Ese futuro estaba lejos de Malpica y Valdepusa, un futuro que encontrarían con los bocetos de diferentes joyas que había diseñado Claudio y que la familia conservó durante décadas.
Un años después Petra y sus hijos llegan a Madrid. Allí viven en un piso de la calle Peñón (hoy calle de Carlos Arniche). La familia y las amistades debieron ser de gran apoyo para la marcha de Petra y su hijo Esteban a Madrid. Dentro de se esas amistades se encontraba Juan Francisco de la Varga, el maestro de San Martín, el cual había tomado posesión un año después que Claudio ocupara su plaza en Malpica en 1860. Juan Francisco era natural de Torrijos y se casó con la sanmartileña María de la O Martín de la Plaza, tuvieron hijas tres hijas Saturnina, Hortensia y Aurora.
Es muy probable que a Estaban le diera oportunidad un joven llamado Eustaquio Vázquez, su primo segundo, por parte de su abuela Hermenegilda. Eustaquio era natural de Domingo Pérez donde había nacido en 1861, quien con tan solo veinticuatro años ya ejercía como platero con su propio establecimiento.
Las idas y venidas de Eustaquio a su pueblo y su relación con sus familiares en Malpica y San Martín debieron ser bastante frecuentes, así el 11 de octubre de 1888 se casa en San Martín con la hija pequeña del maestro de San Martín, que anteriormente hemos mencionado, Aurora de la Varga. Eustaquio ya es un joyero, su establecimiento estaba situado en una de las calles más concurridas del Madrid de finales del siglo XIX, la calle Mayor. Allí es donde Esteban comienza a conocer los secretos de la orfebrería, técnicas como el martillado, el repujado, el cincelado o el ensamblaje.
En 1885 en el padrón a Quintas, Esteban ya aparece como platero y en 1886, con los pocos ahorros de la familia, alquila un pequeño local en la calle de El Carmen. Así nacería la Joyería Yanes, de la calle del Carmen.

Años más tarde la joyería pasaría a la Carrera de San Jerónimo y de ahí a Goya, donde actualmente se encuentra.
La familia siempre conservó las primeras muestras y bocetos de Claudio, sin embargo, podemos decir que la impulsora y alma de la joyería fue la sanmartileña Petra Feliciana Fernández-Canales, quien falleció a los 89 años en 1915, en su domicilio de Carrera de San Jerónimo, 12. A su muerte solo vivía un de sus hijos, Anastasio, que era escribiente. De Isidoro, el nacido en Hontanar conocemos que estuvo en la Guerra de Cuba de Sargento escribiente. Esteban había fallecido en 1914 a los 48 años, por lo que la joyería pasó a su hijo, también de nombre Esteban y padre del actual propietario, Jesús Yanes.
Para no olvidar sus orígenes la firma creó la colección Malpica, de gran éxito en el mundo de la joyería, y recordando aquellos bocetos inspirados en el tesoro visigodo, los últimos años han añadido la colección Guarrazar.
Don Jesús Yanes el patriarca actual de la familia, fue pregonero de las fiestas de Malpica en el 2021 y nombrado hijo adoptivo de la villa.

Hasta aquí la historia de los orígenes valdepuseños de esta familia, la cual tras cinco generaciones de orfebres, fueron transmitiendo sus orígenes y parte de su historia generación a generación.
